Andrés no pudo evitar soltar una risa amarga ante semejante descaro.
—¿Solo devolverle la salud? ¿No es poco? Debería devolverle la juventud, ¿no? Que vuelva a tener dieciocho años, ¿qué te parece?
—Andrés, no estoy hablando contigo —dijo Renán con el rostro sombrío.
—Esta es mi casa, y no te invité a venir —replicó Andrés sin miramientos.
—¿Y tú crees que me gusta estar en tu casa?
Renán, sosteniendo las píldoras, anunció:
—Me voy ahora mismo.
Estaba completamente empapado y no tenía cómo regresar solo.
Justo cuando Renán salía por la puerta, apareció Salomón.
—Que el chofer de la familia Escalante te lleve a casa.
—No es necesario, encontraré la manera de volver.
—No es que nos preocupemos por ti, es para que Meli no se preocupe. Aunque no seas el mejor de los hijos, tienes que llegar sano y salvo.
La cara de Renán se ensombreció. Salomón dio la orden y un chofer se encargó de llevarlo de regreso.
Melibea recogió la ropa que Renán había tirado al suelo.
—Lo siento, ensució tu ropa. Te la devolveré cuando esté lavada —le dijo a Andrés.
Andrés tomó la ropa directamente de sus manos.
—No te preocupes, no es tu culpa.
Selena tomó la mano de Melibea y comenzó a gesticular.
Al oír esto, Claudia casi se vuelve loca de rabia. ¿Acaso el niño había ido a ver a Melibea?
—¿Fuiste a ver a tu madre? Por eso estás todo mojado. ¿Cómo te cuidó? ¿Te tiró al agua?
—Claudia, que esté mojado no tiene nada que ver con mi mami. Lo importante ahora es que la abuela se tome estas píldoras. Mi mamá las hizo. Dijo que, si se las toma, se pondrá bien.
Claudia miró las píldoras en la mano de Renán, con los ojos casi echando fuego. No podía creer que ese mocoso hubiera ido a rogarle a Melibea por medicinas.
Si Renata se recuperaba gracias a las píldoras de Melibea, ¿cómo seguiría Brando odiándola? Es más, Renata misma podría perdonarla gracias a su ayuda.
Las cosas habían llegado a un punto crítico, ¿cómo podía permitir que Melibea lo arreglara todo?
Claudia le arrebató las píldoras.
—Si estas píldoras son tan buenas, entonces se las llevaré a tu abuela.
Su intención era tirarlas, pero a cada paso que daba, Renán la seguía.

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