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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 377

Al escuchar las palabras de Brando, Claudia casi enloqueció de rabia.

Entendía perfectamente lo que quería decir: si su hermano no hubiera muerto, ellos no habrían tenido la oportunidad de reavivar su relación.

Aunque era cierto, ¿de verdad tenía sentido decirlo el día de su boda?

Claudia no pudo soportarlo más.

—Brando, hoy es el día de nuestra boda, un día feliz. ¿Por qué sigues mencionando a tu hermano? ¿Qué pretendes?

Estaba tan furiosa que su rostro se enrojeció. Brando, con una mirada fría, simplemente dijo:

—Es solo que al verte con el vestido de novia, de repente me acordé de Aurelio. La vez pasada que se casaron, te veías muy bien con aquel vestido blanco. Junto a Aurelio, realmente hacían una pareja perfecta.

En aquel entonces, aunque se sentía reacio, le bastó una sola mirada para resignarse y aceptar la realidad.

Comprendió que Claudia había elegido a Aurelio y que, a partir de ese momento, debían respetar los límites.

«Fue ella quien traicionó nuestra relación. Parece que todavía no puedo perdonarla».

Claudia contuvo su ira y, con una mirada sombría, dijo:

—Brando, sé que todavía te molesta la difícil decisión que tomé en el pasado, pero tu hermano ya lleva cinco años muerto. Ahora, el Grupo Ortega necesita el apoyo del Grupo Calderón. Si no quieres casarte, solo dilo. ¡Me bajo de este coche ahora mismo!

Claudia no estaba dispuesta a soportar esa humillación. Después de todo, el Grupo Ortega ya no era el de antes. Ahora, acosado por el Grupo Escalante, estaba lleno de problemas y necesitaba al Grupo Calderón. ¡No tenía por qué aguantar ese trato!

Al ver que Claudia intentaba bajarse del coche, Brando la rodeó por el cuello con el brazo.

—Hoy eres la novia, ¿cómo puedes enojarte?

Aunque las palabras de Brando eran para apaciguarla y el gesto era íntimo, Claudia sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

«¿Será que el aire acondicionado del coche está demasiado frío?».

Pero al menos Brando había tomado la iniciativa de abrazarla, lo que la calmó un poco.

—No olvides nuestro objetivo: convertir al Grupo Ortega en una nueva familia de la élite.

Aunque parecía que Brando le hablaba a Claudia, solo él sabía que se lo estaba diciendo a sí mismo.

Más inquietante aún fue que le preguntara a Brando si la encontraba hermosa.

Si Brando no hubiera dicho antes que su vestido anterior era más bonito, no se habría preocupado. Pero ahora temía que él dijera, frente a todos, que el vestido de hoy no era tan bonito como el de su primera boda. ¡Eso sería una humillación total!

Así que Claudia se adelantó a Brando y espetó:

—¿De qué medio eres? ¡Aprende a hacer preguntas! ¡Claro que soy la novia más hermosa!

El periodista, desconcertado por la reprimenda, se quedó mudo. No creía que su pregunta tuviera nada de malo.

Claudia, intentando guiar la conversación, le dijo a Brando:

—¿Verdad que sí, Brando?

Brando permaneció en silencio, esbozando una leve sonrisa. Otro periodista intervino:

—El señor Ortega sonríe, parece que está muy de acuerdo con la novia.

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