—Claro que tiene que estar de acuerdo. Ya se ve quién manda en casa —bromeó un reportero.
Claudia sonrió y siguió el juego:
—En casa, por supuesto que Brando me escucha a mí, pero en la empresa, él es el que toma todas las decisiones. Yo solo soy su apoyo.
—Qué modesta. Se dice que el Grupo Ortega ha llegado a donde está gracias al apoyo del Grupo Calderón. Ustedes son la pareja perfecta, una alianza de poder.
—Señor Ortega, han desafiado las convenciones y roto barreras. Ahora que han decidido casarse, ¿tienen algo que decirnos?
Los periodistas estaban ansiosos por conseguir una buena primicia, pero Brando respondió con frialdad:
—El Grupo Ortega se convertirá, en el futuro, en la nueva familia de la élite de Ciudad Encantia.
La respuesta de Brando dejó a los periodistas atónitos.
«¿No era este el momento de expresar su amor por la novia, de hacer una declaración romántica?».
Que el novio hablara de convertir al Grupo Ortega en una familia de élite, ¿acaso su unión era solo un matrimonio de conveniencia? ¿Sin sentimientos de por medio?
El rostro de Claudia también se ensombreció. En ese momento, Brando debería haber elogiado su belleza y su capacidad frente a todos los medios, expresar su amor y hacer que todos la envidiaran. O al menos decir algo sobre cómo su amor duraría para siempre.
Pero él no había mencionado nada de eso, solo habló del Grupo Ortega. Claudia se sintió avergonzada, aunque se consoló pensando que al menos no había mencionado su boda anterior.
—Disculpen, tenemos que ir a la ceremonia. Más tarde habrá tiempo para entrevistas.
Claudia intentó llevarse a Brando rápidamente al interior del recinto, temiendo que pudiera decir algo más que la avergonzara.
Justo entonces apareció Renata. Al ver a tantos periodistas en la entrada, se sintió inmensamente orgullosa.
«¿Qué otra familia podría atraer a tantos medios de comunicación para una boda? Solo la familia Ortega tiene ese poder de convocatoria».


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