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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 395

La llegada de Salomón dejó a todos atónitos.

Para Claudia, fue como si el cielo se le viniera encima.

Justo cuando había recuperado un poco de confianza al ver a sus padres defendiéndola e intentando sacarla de allí por la fuerza, Salomón apareció.

¿Y qué era eso de las pruebas? ¿Acaso estaba decidido a destruirla ese día? Lo más detestable era que Melibea venía justo detrás de él.

¡Incluso si tenía que morir, no dejaría que Melibea disfrutara de su desgracia!

—Señor Escalante, usted es el presidente del Grupo Escalante —dijo Claudia, con la voz temblorosa—. Deshacerse de mí es tan fácil para usted como aplastar una hormiga, pero no puede usar una acusación tan terrible para incriminarme. ¡Él es mi hermano! ¿Cómo podría yo hacerle daño?

Ximena se paró frente a su hija como una gallina protegiendo a su polluelo.

—¡Es mi hija, y no permitiré que le haga daño! —declaró con firmeza.

Lando también se interpuso para proteger a su esposa e hija.

—Salomón —dijo, furioso—, aunque la familia Calderón no se compara en poder o riqueza con la familia Escalante, si insistes en difamar a mi hija de esta manera, yo, Lando Calderón, juro que usaré todo lo que tengo para declararle una guerra sin cuartel a la familia Escalante.

Melibea observaba a los padres que defendían a Claudia con tanta vehemencia. Realmente la querían. Con unos padres tan protectores, Claudia debería haber sido feliz. ¿Por qué, entonces, haría daño a su propio hermano? Unos padres que amaban tanto a sus hijos debieron haber sufrido un dolor inmenso al enterarse de que su hijo había quedado en estado vegetativo por un accidente. Y eso, a ojos de Melibea, hacía que la acción de Claudia fuera aún más despreciable.

—Mamá, tienes que creerme. Melibea viene de una familia miserable, sus padres la usaron como una herramienta. Me tiene envidia, por eso me acusa de haberle hecho daño a mi hermano. No le creas.

—Claudia, ¿cómo podría no creerle a mi propia hija en lugar de creerle a la hija de un apostador? —respondió Ximena.

Luego, miró a Melibea con desprecio.

—Melibea, vaya que tienes talento. Después de divorciarte, lograste engancharte con alguien como el señor Escalante. Sé que nunca te has llevado bien con mi hija, pero su relación con Brando fue consentida por ambos. No puedes culparla de todo. ¡Fuiste tú quien no supo controlar a su propio marido! Tomar represalias contra mi hija de esta manera es ir demasiado lejos.

—Se atreven a hablarle así delante de mí —intervino Salomón, con una voz gélida—. ¿Acaso toda su familia quiere terminar en estado vegetativo?

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