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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 400

—Lando, Ofelia dice que vio a Claudia manipulando el coche de Ismael. Durante todo este año no he podido entender cómo pudo pasar ese accidente. ¿Fue ella? Lando, ¿criamos a un monstruo?

Lando no respondió, su rostro estaba desencajado.

—¡Papá, mamá, tienen que creerme! ¡Yo no le hice daño a mi hermano! —suplicó Claudia, desesperada—. ¡Esa mujer la trajo Salomón para incriminarme! ¡No pueden creerle! Si le creen a él, ¿qué será de mí?

Ximena no dijo nada, pero su cuerpo temblaba sin control. Ya no sabía cuál era la verdad.

—¡Ofelia, mentirosa! —le gritó Claudia—. ¿No temes el castigo divino? ¿No te preocupa que toda tu familia lo pague?

—Claudia, si no te sintieras culpable, ¿por qué habrías arreglado que me fuera del país?

La pregunta de Ofelia dejó a Claudia sin respuesta.

—Guardar ese secreto me carcomía por dentro —continuó Ofelia—. No sabía qué hacer, y entonces Claudia vino a buscarme. Me dijo que, como llevaba muchos años trabajando para ustedes y mi hijo estudiaba en el extranjero, ya era hora de que me jubilara. Me ofreció un millón y se encargaría de llevarme con mi hijo. Supe de inmediato que ese millón era para comprar mi silencio. ¡Ese día, Claudia sí manipuló el coche! ¡Tenía miedo de que hablara y por eso quería comprar mi silencio y enviarme lejos!

—¿Cuándo te di yo un millón? ¿Cuándo dije que te enviaría al extranjero? ¡Estás mintiendo! —gritó Claudia, desesperada.

—¡Claudia! —la voz de Ofelia se quebró de dolor y rabia—. ¡Fuiste tú quien arregló un barco para que mi esposo y yo nos fuéramos al extranjero, pero esa pequeña embarcación se hundió poco después de zarpar! Mi esposo se ahogó en el mar, y yo me salvé porque me rescató un barco que pasaba por allí. ¡Eres demasiado cruel! ¡Yo no había dicho nada y aun así quisiste matarme!

Melibea la miraba con gravedad. No podía creer que Claudia fuera tan despiadada: sabotear el coche de su propio hermano y luego intentar asesinar a un testigo para silenciarlo.

Ximena no pudo contenerse más. Se abalanzó sobre Claudia y le dio una bofetada que resonó en toda la sala.

Le gritó, con la voz rota por el dolor:

—¡Claudia, monstruo desalmado! ¡Era tu hermano! ¿Cómo pudiste hacerle eso? ¡Claudia, mereces la muerte!

—Mamá, no, yo no lo hice. Papá, créeme...

Claudia intentó suplicarle a Lando, pero él le respondió con otra bofetada.

Capítulo 400 1

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