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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 403

En ese instante, Ximena se abalanzó sobre Ofelia y le dio una patada.

—¡Te hemos mantenido en nuestra casa por más de veinte años y ahora te atreves a acusar a mi hija! —gritó, furiosa—. ¡Casi me haces creer que mi propia hija mató a mi hijo, creando una tragedia familiar! ¿¡Cómo puedes ser tan desvergonzada!?

Lando, rojo de ira, añadió con saña:

—¡Maldita seas! Robas el collar de diez millones de mi hija y ahora vienes a incriminarla. ¿¡No tienes conciencia!?

—No es cierto —dijo Ofelia con firmeza—. Puedo jurar que no robé el collar de Claudia. Y también puedo jurar que vi a Claudia manipular el coche de Ismael. ¡Fue ella quien provocó el accidente!

—¿Jurar? —Claudia señaló a Ofelia, indignada—. ¿Cuánto valen tus juramentos? Dime, ¿cuánto te pagó Salomón para que me hicieras esto?

Mientras Claudia gritaba a pleno pulmón, la voz fría y serena de Salomón la interrumpió.

—Si quieres saber cuánto le pagué, deberías preguntármelo directamente a mí.

Claudia levantó la vista hacia Salomón. Su imponente presencia, aun sin mostrar ira, la hizo estremecerse con solo una mirada.

El aura de Salomón la aplastaba por completo.

No era alguien con quien pudiera permitirse enemistarse.

Si Brando no hubiera intervenido hoy para salvarla, estaría acabada.

Tenía que proceder con cautela, no podía enfrentarse a Salomón directamente.

Al instante, Claudia reprimió su hostilidad y dijo con sumisión:

—Señor Escalante, sé que solo quería darme una lección, para que sea más cuidadosa y me comporte. Entiendo mi error, por favor, perdóneme.

Salomón no dijo nada. Solo la observó con una mirada profunda y una sonrisa fría y despectiva.

Al ver esa sonrisa en sus labios, Claudia sintió que el mundo se le venía encima.

¡Salomón no estaba dispuesto a dejarla en paz!

«Qué asco», pensó Melibea. «¿Alguien puede sacarla de aquí?».

«Entendido», pensó Salomón.

Los padres de Claudia estaban muy disgustados al ver a su hija arrodillada pidiendo perdón delante de ellos.

¡Era su hija, humillándose de esa manera!

—Claudia, levántate. Se atreven a acusarte de dañar a tu hermano. No los dejaremos salirse con la suya.

—¡Aunque el poder de la familia Calderón no se compare con el de la familia Escalante, lucharemos contra ellos hasta el final!

Salomón miró fríamente a los padres de Claudia y dijo con indiferencia:

—Qué… soberana estupidez.

—Salomón, ¿qué quieres decir con eso?

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