—Todo esto fue para que el Grupo Ortega consiguiera el acuerdo —dijo Brando con el ceño fruncido—. Ahora que ya lo tenemos, no hay necesidad de complicar las cosas.
—Brando, ella robó mi diseño y me humilló frente a tanta gente, ¿y ahora me pides que lo deje pasar? ¡Mi padre tenía razón, como viuda, terminaré perdiendo mi lugar en la familia Ortega! ¡Debería casarme pronto para tener un nuevo respaldo!
Al escuchar las palabras de Claudia, Renata se abalanzó sobre Melibea y le espetó furiosa:
—Zorra, ¿cómo te atreves a conspirar contra Claudia? ¿Crees que eres la gran cosa por haber conseguido el acuerdo con métodos tan viles? ¡Todos te despreciamos! Si no fuera por tu intromisión, ¡Claudia habría sido quien lo lograra!
—Mami, ¿cómo pudiste robarle algo a mi tía y tratarla tan mal? ¡Te odio, eres una mala persona!
Las palabras de Renán fueron como una daga en el corazón de Melibea.
Entre Claudia y ella, su hijo defendía a Claudia sin dudarlo.
Lo había traído al mundo con tanto esfuerzo y lo cuidaba con esmero en cada detalle, solo para que al final, a sus ojos, ella fuera la mala.
Al ver la expresión herida de Melibea, Brando de repente agarró a Renán por el cuello de la camisa y lo levantó del suelo.
—Renán, ella es tu madre. ¿Cómo te atreves a hablarle así? Discúlpate con ella ahora mismo.
Renata, al ver a Brando levantar a Renán, exclamó alarmada:
—¡Brando, baja a Reni! ¿Qué crees que haces?
—¡Este mocoso le habló así a su madre, lo estoy disciplinando!
Melibea miró a Brando sin sentir gratitud alguna, solo resentimiento. ¿Justo ahora se acordaba de que Renán debía respetarla?
—No te molestes, Brando. Después de todo, a Renán solo le enseñaste a respetar a su tía. Le dijiste que, como su tía no tenía hijos, él sería como su hijo en el futuro y debería ser devoto con ella cuando creciera. Él es muy obediente, ¿por qué lo regañas ahora?
Renán, que nunca había sido regañado, se estremeció ante el grito de Brando. Rápidamente, bajó la cabeza y le dijo a Melibea:
—Lo siento, mami. No debí decir que te odiaba. Papi dijo que casi te mueres cuando nací, no debería hacerte enojar.
Al escuchar las palabras de Renán, el corazón de Melibea se llenó de una amargura extrema, sintiendo un nudo en la garganta.
Si su hijo mostraba aunque fuera un mínimo de arrepentimiento, ella realmente no quería renunciar a él. Era la sangre de su sangre, el fruto de diez meses de embarazo.
Claudia rápidamente tomó a Renán en brazos, consolándolo para que no tuviera miedo, y luego le dijo a Brando con resentimiento:
—Brando, Reni solo me estaba defendiendo. ¿Al regañarlo me estás abofeteando a mí?
—Eres la cuñada mayor de esta casa, y todos te respetamos. Solo estoy educando a mi hijo, no lo tomes a mal.

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