El guardia de seguridad subió para intentar echar a Lázaro, pero este se quedó sin palabras. Después de todo lo que le había explicado a la anciana, ¿todavía no le creía? «¡Debe de estar senil!», pensó.
Pero no iba a dejar que lo expulsaran.
Cuando el guardia se acercó, Lázaro dijo con una sonrisa fría:
—Lo siento, pero hoy no vas a poder echarme de aquí.
—¡Hoy es la junta directiva del Grupo Escalante! ¡Tú no eres más que un don nadie que no tiene derecho a estar aquí!
—Tienes razón, se está celebrando la junta directiva del Grupo Escalante. Y ahora mismo, yo soy un accionista mayoritario con el diez por ciento de las acciones del grupo.
—¡No haces más que soltar mentiras! ¿De dónde sacaste tú el diez por ciento de las acciones?
En ese momento, los cuatro principales accionistas del Grupo Escalante se pusieron de pie.
—No te lo vamos a ocultar. Las acciones que tiene en su poder se las vendimos nosotros. Él lleva la sangre del joven heredero y estamos dispuestos a apoyarlo. Ahora, por culpa de una mujer, Salomón ha puesto al Grupo Escalante en una posición indefendible. Solo su renuncia podrá calmar la indignación pública y permitir que el grupo siga adelante. El puesto de presidente del Grupo Escalante debería ser para Lázaro.
Los accionistas más jóvenes se miraron entre sí, desconcertados por la repentina situación.
¿Cómo era que de repente había aparecido otro miembro de la familia Escalante?
Salomón y Melibea Cepeda intercambiaron una mirada. La persona detrás de todo esto era Lázaro.
—Fuiste tú quien publicó el video en internet, ¿verdad? La familia Ortega no tiene los medios para contratar al hacker más famoso del mundo. ¡Hay que reconocer que tienes tus trucos! —dijo Salomón con un sarcasmo gélido.
Lázaro, sin embargo, soltó una carcajada arrogante.

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