—Renán te incriminó y ni siquiera se ha disculpado contigo, y aun así haces tanto por él —dijo Melibea con el ceño fruncido.
—Sea como sea, es tu hijo. Sé que, aunque has decidido cortar lazos con ellos, la sangre es más espesa que el agua y no soportarías ver al niño pasándolo mal. Por eso, si quieres luchar por su custodia, te ayudaré.
La última vez, Renán solo estuvo medio día en la mansión Ortega y causó un sinfín de problemas.
Y a pesar de todo, Salomón estaba dispuesto a ayudarla a conseguir la custodia. La verdad era que antes sí quería hacerlo, pero después de lo ocurrido, había cambiado de opinión.
Le había advertido que si seguía ayudando a Claudia a incriminar a Salomón, rompería su relación de madre e hijo, pero entre Claudia y ella, Renán había elegido a Claudia.
Después de eso, ya no quería luchar por la custodia.
Si Renán tenía que sufrir al lado de Brando, que así fuera. Sería una lección que la vida le daría. De lo contrario, su complejo de superioridad acabaría por arruinarlo tarde o temprano.
—Salomón, no voy a luchar por la custodia de Renán. Para él, yo, su madre, no soy tan importante.
Melibea ya lo había aceptado. No iba a forzar las cosas con Renán.
—Entonces, haré los arreglos para que ingrese en el programa de jóvenes talentos del Equipo Genio. Yo cubriré todos sus gastos a partir de ahora.
—Salomón, te agradezco la intención, pero no estoy de acuerdo con que vaya a ese programa. No es un lugar al que se pueda entrar sin más, el proceso de selección es muy estricto.
»Si Renán no aprobó el examen, no hay necesidad de que te tomes tantas molestias por él. Además, qué estudiará, qué camino tomará en la vida y en qué tipo de persona se convertirá, son decisiones suyas.
»Incluso si tiene que pasar dificultades, se lo merece. Nunca ha sufrido de verdad, por eso es tan arrogante.
—Llevamos mucho tiempo con el tratamiento, ¿de verdad tus piernas siguen sin tener ninguna sensibilidad? —preguntó Melibea con el ceño fruncido y un tono de preocupación.
Salomón asintió levemente. Ni siquiera se atrevía a hablar.
Temía que su voz sonara diferente si lo hacía, porque la verdad era que… ¡le dolía muchísimo!
¡Le estaba clavando las agujas con mucha fuerza!
Las piernas de Salomón, que antes estaban entumecidas y sin sensibilidad, habían empezado a recuperarla gracias al tratamiento de Melibea. Incluso se había levantado en secreto, pero no se atrevía a decírselo.
Porque le preocupaba que si Melibea se enteraba de que sus piernas estaban curadas, ¿se marcharía de la mansión Escalante?

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