Melibea ya trabajaba en el instituto de investigación, y tenía mucho trabajo allí. Si no fuera por su tratamiento, no volvería a la mansión Escalante todos los días.
Si en el futuro Melibea dejaba de venir, tendrían cada vez menos oportunidades de verse.
Salomón sabía que era egoísta, pero realmente no quería dejarla ir.
Al ver a Salomón asentir, Melibea frunció el ceño con fuerza.
Las piernas de Salomón ya deberían haber recuperado la sensibilidad. Con un poco de rehabilitación, pronto podría volver a caminar. Pero, ¿por qué después de tanto tiempo seguía sin sentir nada?
¿Había algún problema con su receta? ¿O quizás con los ingredientes del remedio?
—Esto no debería ser así, a estas alturas ya deberías tener sensibilidad en las piernas. ¿El problema está en mi receta o en los ingredientes?
Al ver la angustia de Melibea, Salomón le dijo:
—La verdad es que no tienes por qué preocuparte tanto. Mis piernas han estado así durante mucho tiempo, un poco más no hará diferencia. Tómate tu tiempo con el tratamiento, no te presiones.
Melibea sabía que Salomón intentaba consolarla. Era ella quien no había logrado curar sus piernas, y aun así era él quien la tranquilizaba.
Melibea estaba hecha un lío. Salomón no sentía nada y Selena seguía sin poder hablar.
Después de todo un plan de tratamiento, la condición de ambos no había mejorado.
¿Desde cuándo su habilidad como médica se había vuelto tan mediocre?
Melibea sintió una profunda frustración. ¿En qué se había equivocado?
—Tú no puedes caminar y Selena no puede hablar, ¿dónde está el error? ¿Será que realmente no soy lo suficientemente buena? Tal vez deberían buscar otro médico, no quiero hacerles perder el tiempo.
De repente, a Salomón se le ocurrió algo.
Se apresuró a consolarla:
—Curar… este tipo de cosas no se pueden apresurar. La verdad es que nosotros no tenemos prisa, tómate tu tiempo.

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