Melibea había intentado hacerle daño, pero por suerte su destino era seguir viviendo. ¡El cielo estaba de su lado!
***
En el hospital.
Melibea llevaba ya dos días y dos noches sin dormir. La técnica suya era extremadamente peligrosa y requería una vigilancia constante para evitar cualquier imprevisto.
En ese momento, Blanca entró corriendo en la habitación.
—Meli, ¡pasó algo terrible! ¡Te tendieron una trampa!
Melibea vio la cara de pánico de Blanca y le preguntó, confundida:
—¿Qué pasó? No te alteres, habla con calma. ¿Qué trampa?
—¡Maldita sea, maldita sea!
Blanca estaba tan furiosa que apenas podía hablar. De repente, perdió el control y se abalanzó para arrancar las agujas de plata del cuerpo de Ismael.
Melibea la detuvo de inmediato, alarmada.
—¿Qué te pasa?
—¿Y todavía quieres salvar a este muerto? Lando y Ximena te engañaron a propósito. Todo para salvar a Claudia. Solo querían entretenernos. ¡Mira cómo le quito estas agujas y que se preparen para enterrar a su hijo!
Blanca intentó de nuevo, exaltada, arrancar las agujas del cuerpo de Ismael.
Melibea siguió reteniéndola.
—Cálmate, ¿qué fue lo que pasó exactamente?
—Hoy era el día del juicio de Claudia —dijo Blanca, enfurecida—. Según el procedimiento normal, deberían haberla condenado a cadena perpetua, o incluso a muerte, ¡pero la declararon inocente y la dejaron en libertad!
«¿Qué? ¡Inocente y en libertad!», pensó Melibea.

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