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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 515

En ese momento, Renata corrió al lado de Brando y le tomó la mano.

—¡Hijo, te está sangrando la mano! ¡Doctor, que venga un doctor! ¡Ustedes son unos salvajes, atreverse a golpear a la gente! ¡Voy a llamar a la policía ahora mismo para que los arresten a todos!

Renata estaba fuera de sí. Melibea dijo con calma:

—Deja de gritar, lo de la mano de Brando es solo un rasguño. Si sigues gritando así, vas a atraer a los de la funeraria.

—¡Melibea, eres despreciable! ¡Estás maldiciendo a mi hijo!

—Es solo la verdad. Si dejas de gritar como si te estuvieran matando, seguro que no vendrán.

El rostro de Renata se puso verde. Brando miró la frialdad de Melibea y sintió como si le apuñalaran el corazón.

Extendió su mano ensangrentada y le preguntó con una mirada sombría:

—Antes, hasta la herida más pequeña que yo tuviera te preocupaba, pero ahora eres tan indiferente. Antes, estabas dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de que te prestara un poco de atención, ¿y ahora te has vuelto así de fría? ¿Es por este lisiado?

Así que él recordaba que antes, ella estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de que él le dedicara una mirada.

¿Por eso se sentía con el derecho de lastimarla una y otra vez?

—Brando, estar casada contigo fue como tener antecedentes penales, ¡no hace falta que me lo recuerdes a cada rato!

—¿Nuestros cinco años de matrimonio para ti son solo antecedentes penales? —preguntó Brando, con incredulidad en sus ojos.

—¡Sí!

La respuesta firme de Melibea dejó a Brando sin aliento, con un dolor agudo en el pecho.

¿Acaso se avergonzaba incluso del pasado en el que lo amó?

¿Eran falsas todas las veces que lo siguió, susurrándole al oído que lo amaba?

—Ja, ja…

De repente, Brando se echó a reír, una risa desolada y vacía.

Salomón lo miró. «¿Estará bien de la cabeza?», pensó.

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