Su objetivo era sin duda Ismael. ¿Qué planeaban hacer?
¿Serían capaces de matar o de hacer cualquier cosa por Claudia?
—De acuerdo.
Salomón se sintió un poco aturdido. En ese momento, habría aceptado cualquier cosa que Melibea le pidiera. Incluso si le hubiera pedido que le diera el Grupo Escalante, lo habría hecho.
Justo cuando Melibea llegó a la puerta, escuchó a Renata gritar a todo pulmón.
—¡Hijo, ten cuidado! ¡Esto es indignante! ¿Cómo se atreven a golpear a mi hijo? ¡Voy a llamar a la policía ahora mismo para que los arresten a todos!
Renata gritaba histéricamente. Al ver a Melibea, corrió hacia ella y la señaló.
—¡Melibea, diles a esos hombres que se detengan de inmediato! ¡Han herido a mi hijo!
Brando, solo contra cuatro guardias, obviamente no llevaba las de ganar y ya tenía varias heridas.
—Uno contra cuatro, ¿desde cuándo se tiene en tan alta estima? —dijo Melibea con frialdad.
¡Renata casi se muere de la rabia al escucharla!
—¡Melibea, mi hijo está herido y tú te burlas! ¿No tienes corazón? ¡Haz que esa gente se detenga!
—Yo no les pago el sueldo, así que dudo que me hagan caso.
Renata se llevó una mano al pecho, sintiendo que le faltaba el aire.
—¡Melibea, eres una mujer malvada! ¿No estarás contenta hasta que alguien muera?
—Si no puede ganar, que corra. No creo que lo persigan. ¡Dile a Brando que corra! —dijo Melibea con calma.
El rostro de Renata se puso verde. No sabía si decirle a su hijo que huyera. No habían logrado su objetivo, así que no podían simplemente irse. Pero si no se iba, su hijo no aguantaría mucho más.
¿Qué clase de situación era esta?

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