Al ver la escena, Lando, furioso y desesperado, le gritó a su esposa:
—¡Acababa de despertar! ¿Por qué tenías que preguntarle eso?
—¡Porque es muy importante para nuestra familia! ¿Acaso no puedo saber si fue nuestra propia hija quien lo dejó en ese estado? ¡Era su hermana más querida!
En ese preciso instante, Claudia estaba de pie, escondida en la puerta. Había escuchado a su madre preguntarle a su hermano si ella lo había lastimado.
Sintió que el corazón se le subía a la garganta.
Melibea le estaba aplicando acupuntura a Ismael, y él logró tomar una bocanada de aire.
—¡No… no fue mi hermana! —gritó con todas sus fuerzas.
—Hijo, ¿qué dices? ¿Estás diciendo que no fue tu hermana la que te hizo daño?
Pero Ismael ya no pudo responder. Cerró los ojos y el monitor cardíaco a su lado mostró una línea recta.
Ismael… había muerto.
Ximena se derrumbó al instante.
—¡Hijo! ¡Hijo! ¿Qué te pasó? ¡Si ya habías despertado! ¡Hijo!
Al ver que Ismael había dejado de respirar, Claudia soltó un suspiro de alivio.
«No puedo creer que Melibea de verdad tuviera la habilidad de despertarlo», pensó.
Por suerte, tenía un plan B. Y había llegado justo a tiempo.
Rápidamente, se escondió de nuevo. Aún tenía que deshacerse de algunas cosas.
—¡Rápido, llévenlo a la sala de emergencias!
Melibea no se dio por vencida y llevó a Ismael a toda prisa hacia emergencias.
Ximena y Lando se desplomaron en el suelo frente a la puerta de la sala. No podían entender cómo su hijo, que acababa de despertar, se había ido así de repente.
Ximena lloraba hasta quedarse sin aliento. Lando la abrazó.
—Si nuestro hijo pudo superar esto una vez, también podrá superarlo ahora.

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