En ese momento, los ojos de Claudia se iluminaron. Había asumido que, en cuanto estallara el escándalo, la familia Escalante cancelaría la cita a ciegas de inmediato. Para su sorpresa, no lo habían hecho.
—Parece que de verdad le interesas a Salomón. Ve y explícale todo con calma. Dile que fue tu cuñada, esa mujer malvada y retorcida, la que intentó arruinar tu reputación a propósito. Sabiendo que tenías una cita con Salomón, saboteó tu imagen deliberadamente. Si logras ganártelo y anuncian públicamente su compromiso, todo el escándalo se le atribuirá a las intrigas de Melibea y el problema estará resuelto.
La reputación de Claudia ya estaba por los suelos.
El plan de su madre era, sin duda, una salida a su situación.
—Mamá, qué suerte tengo de tenerte.
Claudia sonrió. Brando era ciertamente excepcional, pero incluso en una silla de ruedas, Salomón tenía un estatus mucho mayor.
Lo más importante era que, si se quedaba con Brando, su reputación nunca se recuperaría. En cambio, con Salomón, la historia sería completamente diferente.
—Brando, tengo que salir un momento. Confía en mí, encontraré la manera de sacar al Grupo Ortega de este aprieto.
…
En el Hotel.
Selena observaba con atención el pequeño pastel que había preparado. ¿Le gustaría a la señorita bonita?
Originalmente, había decorado el pastel con fresas y mango, pero de repente pensó que la señorita bonita podría ser alérgica al mango, así que lo cambió por durazno.
Había puesto todo su esmero y cuidado en ese pastel, un vehículo para sus más sinceros sentimientos.
—Hermanita, ya deja de verlo. Te quedó muy bonito, seguro que a esa persona le encantará.
Andrés había visto a su hermana examinar el pastel ochocientas veces. Era evidente que de verdad le agradaba esa tal Claudia.
[Hermano, se me cayó el pasador.]
—No te preocupes, Selena. Seguramente se te cayó al bajar del coche. Voy a buscarlo, espérame aquí y pórtate bien.
Andrés salió corriendo a buscar el pasador de su hermana. Justo en ese instante, Claudia, con gafas de sol y cubrebocas, llegó a la puerta. Con el escándalo reciente, se sentía como una rata acorralada y quería evitar cualquier problema innecesario.
Al tocar la manija, pensó en quitarse el cubrebocas, pero luego recordó el asunto con Brando. Salomón seguramente ya lo sabía. Decidió que, si entraba con las gafas y el cubrebocas, podría hacerse pasar por una víctima inocente.
Claudia abrió la puerta, esperando encontrar a Salomón dentro.
Pero, para su sorpresa, al entrar no vio a Salomón, ¿sino a una niña?
—¿Y tú de quién eres, pequeña? ¿Qué haces aquí? Estoy a punto de tener una cita con el presidente del Grupo Escalante, ¿vienes a causar problemas?

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