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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 62

¿Una cita con su papá? Entonces ella era la señorita bonita. Pero, ¿por qué llevaba gafas de sol y cubrebocas?

¿Será que le daba pena tener una cita con su papá?

Selena gesticuló con las manos.

[Soy la hija de mi papá. Señorita, ¿por qué usa gafas y cubrebocas? ¿Es porque le da pena la cita con mi papá?]

Claudia casi explota de la ira. ¿Qué demonios estaba gesticulando esa mocosa? No entendía ni una palabra.

Si no se largaba pronto, Salomón llegaría y podría pensar que esa niña tenía algo que ver con ella.

¡Tener cerca a una muda traía mala suerte!

—Una muda debería quedarse en su casa en lugar de venir a hacer señas raras —dijo Claudia con desdén—. ¡No tengo tiempo para adivinar lo que quieres decir, qué fastidio!

Selena se quedó helada. No entendía por qué la señorita se había enojado de repente. Además, ¿no era que ella entendía el lenguaje de señas?

¿Sería porque las gafas y el cubrebocas no la dejaban ver bien sus manos?

Sin embargo, Selena no se molestó. Tomó su pastel y se acercó a Claudia.

[Señorita bonita, ¿por qué estás triste? Comer algo dulce te hará sentir feliz.]

Selena le ofreció el pequeño pastel con una sonrisa.

Claudia, con un gesto de asco, la empujó bruscamente.

—¡Tú, muda! ¿Vienes a vender tus porquerías a un hotel de lujo como este? ¿Estás buscando problemas? ¡Lárgate de aquí! ¡Vete a la calle, a ver si alguien se compadece de ti y te compra ese estúpido pastel! ¡Fuera, no arruines mi cita!

El pastel cayó al suelo, haciéndose pedazos. Selena miró el postre en el que tanto había trabajado, ahora destrozado.

Se sintió muy triste. Con los ojos anegados en lágrimas, miró a la mujer furiosa.

¿Por qué estaba tan enojada la señorita bonita? ¿Será que odiaba los pasteles? Pero el otro día, cuando le explicó el problema de matemáticas, había sido tan amable.

—Eres una muda, ¿de qué te sirve estudiar? ¿De qué te sirve resolver problemas? Eres como un bicho raro.

Mientras recogía su libro, cada palabra se clavó en el corazón de Selena como una espina.

¿De verdad parecía un bicho raro?

¿Por qué todos podían hablar, menos ella?

Justo en ese momento, llegó Andrés y vio a su hermana afuera, abrazando su libro roto.

—¿Qué está pasando aquí?

Al ver a Andrés, Claudia supo que Salomón había llegado.

Rápidamente, le metió dinero en la mano a Selena y dijo con impaciencia: —Toma, te doy dinero. No vuelvas a salir a vender pasteles. Muda, no vayas a darle asco al joven amo de la familia Escalante. ¡Lárgate!

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