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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 64

Tendría que pensar en otra forma de salir de su aprieto.

*Qué extraño, ¿por qué me pica tanto todo el cuerpo?*

En el camino de regreso, Andrés se dio cuenta de que su hermana estaba triste.

—Hermana, le rocié a esa mujer mi más reciente creación: el Polvo de Delirio en Siete Pasos. En cuanto dé siete pasos, sentirá una picazón insoportable por todo el cuerpo. No se le quitará en cuarenta y nueve días. Se lo tiene bien merecido.

Andrés era un aficionado a las artes arcanas, las armas ocultas y los venenos.

Su recién desarrollado Polvo de Delirio en Siete Pasos era perfecto para usarlo en escoria como ella.

Selena miró a su hermano. Él era la persona en el mundo que menos soportaba verla sufrir.

[Hermano, solo estoy un poco triste. Pensé que había encontrado a alguien que quería ser mi amiga.]

Selena detuvo sus señas. No continuó porque la tristeza la abrumaba.

Se había ilusionado tanto por lo que para la otra persona no fue más que un capricho pasajero.

—Hermana, no importa si los demás son buenos contigo. Lo que importa es que tu hermano siempre lo será, para toda la vida.

Andrés consoló a Selena, cuya nariz se había puesto roja. Sabía que su hermana anhelaba el amor de una madre.

Él era un niño y podía vivir sin el amor de una madre, pero poco a poco se daba cuenta de que, a medida que su hermana crecía, lo necesitaba más.

—Algún día tendremos una mamá, y querrá mucho a Selena.

[Gracias, hermano.]

Aunque Andrés la consoló, al llegar a casa, Selena tuvo fiebre.

La fiebre no bajaba y finalmente cayó en un estado de inconsciencia, por lo que fue llevada de urgencia al hospital.

Cuando Salomón llegó, su rostro era una máscara de furia.

—¿Cuál es la situación de la señorita Selena?

—Señor Escalante, le hemos hecho un chequeo completo. Por ahora, hemos descartado traumatismos, meningitis, neumonía, hipoglucemia e hipocalcemia. Le estamos aplicando los primeros auxilios, pero la señorita Selena no muestra signos de despertar. Aún estamos investigando la causa del coma.

—¡Vigílenlo bien y no dejen que vaya a ninguna parte!

—Sí, señor Escalante.

La situación era crítica. Aunque esa mujer sabía de medicina, no estaba seguro de que pudiera manejar una emergencia como esta.

No podía arriesgarse.

...

En la casa de Melibea.

Melibea estaba haciendo las maletas cuando sonó inesperadamente el teléfono, era el director del hospital.

—Hola, director.

Melibea fue muy educada, pero la persona al otro lado del teléfono parecía claramente incómoda.

—Señorita Cepeda, hay algo que debo decirle. No hace falta que venga a trabajar mañana.

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