El ceño de Melibea se frunció. El director le había prometido un puesto en el hospital. ¿Cómo podía retractarse antes de que ella siquiera empezara a trabajar?
—Director, ¿sucedió algo?
—Sé que es una médica excelente y que sería una gran doctora. Pero la familia Ortega es uno de los principales accionistas del hospital. Acaban de dar la orden de no contratarla, así que lo lamento mucho.
Melibea no se imaginaba que el hospital también fuera una de las propiedades de la familia Ortega. Qué mala suerte la suya.
—Entiendo, director. No se preocupe, no le causaré problemas.
Si no podía en este hospital, buscaría en otro.
—Señorita Cepeda, en realidad, no tiene caso que busque trabajo en otro lado. El señor Ortega ya ha emitido una orden para vetarla en toda la industria. No encontrará trabajo en ningún otro hospital.
La mirada de Melibea se endureció. ¡Brando era un desgraciado!
—Señorita Cepeda, que un hombre sea infiel es bastante común, no hay necesidad de llevar las cosas a este extremo. A veces, una mujer debe saber cuándo ceder. De lo contrario, mire a dónde ha llegado: se fue sin un centavo y ahora el señor Ortega la veta. ¿Cómo va a mantenerse?
—Director, le agradezco su innecesaria preocupación.
Melibea colgó. No tenía ganas de hablar con gente estúpida.
Justo en ese momento, su teléfono sonó. Era Brando.
—Melibea, supongo que ya te notificaron. A partir de ahora, no encontrarás trabajo en ninguna parte.
—¿Ya resolviste todos los problemas del Grupo Ortega? Qué tiempo libre tienes para molestarme.
—Melibea, me tendiste una trampa a mí y a todo el Grupo Ortega. Si todavía te ofrezco una salida, es por el bien de nuestro hijo. ¡No quiero que se quede sin madre, así que no seas malagradecida!
—¿Cómo que Reni se quedará sin madre? ¿Acaso Claudia no es su madre? Ahora que le he dejado el camino libre, todos ustedes deberían estar felices.
Brando estaba furioso. ¿Cómo se había vuelto así?
—Brando, ¿acaso no se les ocurre una mejor manera de salvar al Grupo Ortega y por eso quieren que vuelva, para seguir usándome de chivo expiatorio? ¿Quieren decir que todo lo que pasó fue porque yo, por celos, los difamé maliciosamente para limpiar la porquería que tienen encima?
—Esa noche, si estabas allí, ¿por qué no te acercaste?
—¿Acercarme a qué? ¿A disfrutar del espectáculo en primera fila? Lo siento, no tengo esos gustos.
—Las cosas han llegado a un punto sin retorno. Solo te haré una pregunta: ¿vuelves o no?

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