—No dejaré que me utilicen de nuevo, y no tienes por qué volver a llamarme. O de lo contrario, no podré evitar mandarte a ti y a toda tu familia al diablo.
Melibea colgó el teléfono. ¡No podía creer lo descarado que era Brando!
Él la había engañado con su cuñada, y ahora la vetaba, haciéndole perder su trabajo.
Con el poder del Grupo Ortega y el Grupo Calderón, le sería muy difícil encontrar trabajo en el país Alborada.
Estaba tratando de forzarla a volver. Al parecer, eran incapaces de resolver su propia crisis.
¡Ya veríamos quién aguantaba más!
Melibea continuó empacando sus cosas cuando un dije de oro cayó del bolsillo de su blusa.
Era una de las piezas de la subasta benéfica de la otra noche, parte de un juego de collares de oro que constaba de tres piezas en total.
¿Cómo había llegado uno de ellos al bolsillo de su ropa?
Aquel día, Andrés había insistido en regalárselo, pero ella lo había rechazado por ser demasiado valioso.
¿Cómo había aparecido en su bolsillo?
Algo tan valioso, tenía que devolvérselo.
…
Residencia Escalante.
Melibea llegó a la mansión de los Escalante con la intención de ver a Andrés, pero los guardias de seguridad le impidieron el paso.
—¿Y usted quién es? No puede venir así como así queriendo ver a nuestro joven amo.
—Su joven amo dejó algo conmigo. Quisiera devolvérselo.
Melibea mostró el dije de oro. El guardia la miró con desdén. —¿Cree que puede entrar con una baratija de oro falso? Mire, cada año, muchísima gente intenta colarse en la residencia Escalante. Lárguese de aquí.
Melibea se quedó sin palabras. El guardia probablemente la tomó por una oportunista que intentaba trepar socialmente.
Si no podía entrar, tendría que esperar a otra oportunidad para ver al niño y devolvérselo.
Justo cuando Melibea estaba por irse, el viejo mayordomo la detuvo.
Definitivamente, no era fácil entrar en la casa de los Escalante.
—Disculpe, señorita, el joven amo no se encuentra en la residencia hoy. Fueron al hospital. La señorita Selena está enferma. Haré que alguien la lleve.
—Está bien, muchas gracias.
Melibea solo quería devolverle el dije de oro a Andrés. No pensó en nada más, sin saber la gravedad del estado de Selena.
Cuando Melibea se fue, el guardia le preguntó al mayordomo con curiosidad.
—¿Por qué le dijo a esa mujer dónde están el joven amo y los demás? ¿No teme que tenga malas intenciones?
—Si el joven amo se entera de que la echaste, te vas a arrepentir.
—Pero el joven amo nunca ha sido cercano a nadie.
—Exacto, el joven amo nunca ha sido cercano a nadie. Pero el otro día, mientras admiraba su dije, me presumió con gran alegría que su mamá y él tenían collares a juego de madre e hijo.
—Entonces esa mujer es…

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