Los maestros y el guardia de seguridad del kínder intentaban hacer que Melibea se fuera, cuando una voz grave resonó.
—Hoy ella no viene en representación de Renán, sino de Andrés.
El rostro de Salomón era sombrío. A pesar de estar en una silla de ruedas, irradiaba un aire de nobleza que intimidaba.
—Es Salomón.
—Señor Escalante, qué bueno que llegó. Lamento mucho haberlo hecho venir, pero los padres del otro niño insistieron por teléfono en que debíamos llamarlo.
—¿Cómo está mi hijo?
—Andrés está bien, es Renán el que resultó con algunas heridas. Los otros padres están muy molestos.
—Vamos a verlos.
Salomón miró a Melibea, indicándole que entrara con él. La maestra intervino: —Señor Escalante, no sabía que conocía a la madre de Renán, pero la custodia del niño la tiene el padre. Este asunto debe tratarse con él, la madre no tiene autoridad para manejarlo.
Melibea sintió que era ridículo. Era su hijo, y no tenía derecho a saber de él.
Salomón replicó: —¿No acabo de decir que ella representa a Andrés, no a Renán? Ella es la doctora de cabecera de nuestra familia. Dado que los niños tuvieron un altercado, quiero que revise a mi hijo. ¿Hay algún problema con eso?
Los niños que asistían a esa escuela eran de familias ricas y poderosas. A veces, en conflictos, no solo traían a sus médicos de cabecera, sino también a sus abogados, así que no era algo fuera de lo común.
Además, tampoco podía permitirse ofender a Salomón. Con tener una excusa para darle a la familia Ortega sería suficiente.
—Sí, señor Escalante.
Melibea empujó la silla de ruedas de Salomón hacia adentro. Era el kínder de su hijo, pero nunca había entrado realmente.
Antes, solo podía recoger a Reni en la puerta. En cualquier evento escolar, era Claudia quien asistía.
Qué irónico.
—¿Estás bien? —preguntó él.
¿Le estaba preguntando a ella?
—Estoy bien.
Él podía sentir su tristeza.
—¡Ese mocoso me pegó! Pero mi abuela vendrá a arreglarlo. No necesito que me defiendas.
Renán señaló a Andrés, con el rostro hinchado de rabia.
Miró a Melibea con desdén.
¿Defenderlo? Ella no tenía intención de hacerlo.
—Te equivocas, no he venido a defenderte. Solo vine a entender la situación.
En ese momento, algunos niños espiaban desde afuera.
—Esa es la mamá de Renán. Se ve muy amable y bonita, no parece alguien que pegaría a la gente.
Andrés se acercó a Melibea y dijo: —Meli, lamento haberte hecho venir.
Andrés había querido darle una lección a Renán en privado, sin llegar a los golpes. Después de todo, era el hijo de Meli, y aunque él fuera un ingrato, Meli tenía un corazón blando.
Su principio era resolver las cosas hablando, pero no contaba con que ese niño… ¡fuera tan malcriado!

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