—Meli, ¿cómo que lo dejes así? —protestó Andrés.
—Ya no importa.
Para Melibea, lo único que no quería era que Reni la odiara.
Ahora mismo, él no distinguía entre el bien y el mal. Pero su odio seguía causándole un profundo dolor.
—Mami, si prometes no armar más escándalos, puedo hablar con papi y con mi tía para que te dejen volver a casa a cuidarnos. Quiero comer la comida que preparas.
Andrés casi explota de ira al escucharlo. *¿Cómo puede tener tanto descaro ese ingrato?*
En ese momento, alguien gritó:
—¡Un niño se desmayó! ¡Que alguien venga, rápido!
El médico del kínder corrió a revisar al niño y, mientras le practicaba reanimación cardiopulmonar, gritó que llamaran a una ambulancia.
Al oír que un niño se había desmayado, Melibea salió inmediatamente a ver qué pasaba.
Una niña pequeña yacía en el suelo con los ojos cerrados mientras el médico del kínder le realizaba compresiones torácicas. Melibea se acercó para evaluar la situación de la niña.
Los otros niños, al ver la escena, estaban muy asustados.
—Eva, ¿se va a morir? No se mueve para nada.
—Qué miedo. Creo que Eva se va a morir.
Los niños estaban aterrorizados y el caos se apoderó del lugar.
Melibea examinó a la niña y de inmediato detuvo al médico.
—¡Deje de hacerle RCP! La niña presenta flexión de los brazos hacia el pecho y extensión rígida de las piernas, es probable que tenga una lesión en la corteza cerebral. La reanimación no solo no ayudará, sino que podría empeorar su estado.
Dicho esto, Melibea sacó unas agujas de acupuntura para tratar a la niña, pero el médico la detuvo.
—¿Quién es usted? ¿Cómo se atreve a clavarle agujas a una niña?
Los niños alrededor comenzaron a murmurar:
—Qué agujas tan largas, ¡qué miedo!
—No se puede picar a la gente con agujas, mi mamá dice que no se debe hacer.
—Meli es increíble, ¿verdad? A mí también me salvó. Ella me dio una segunda oportunidad, lo que en otras palabras la convierte en... mi mami.
Andrés parecía inmensamente orgulloso de tener a Melibea como su madre.
Los otros niños también los miraban con admiración.
El rostro de Renán se ensombreció. Ella era *su* mamá, ¿por qué Andrés se llevaba todo el crédito?
En ese momento, llegó la ambulancia.
Melibea tranquilizó a la pequeña y le dijo al personal:
—Por ahora está fuera de peligro, pero necesitará una cirugía. Notifiquen a sus padres.
La niña fue subida a la ambulancia sin contratiempos.
—Mamá de Renán, de verdad, muchísimas gracias —dijo la directora.
—Ya no soy su mamá —respondió Melibea.

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