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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 92

Salomón miró a Andrés y luego dijo con voz sombría:

—El Grupo Calderón puede evitar la bancarrota, pero sus ganancias de este año se reducirán en un cincuenta por ciento. Consideren esto una advertencia.

El rostro de Claudia se puso verde, pero que no los llevara a la quiebra ya era un acto de gran generosidad.

—Gracias, señor Escalante.

Con una expresión fría, Salomón se dispuso a ajustar cuentas.

—Ahora, resolvamos el asunto de estos dos niños.

Renata estaba arrepentidísima. La maestra le había llamado para decirle que Renán se había peleado con un compañero en la escuela y se había lastimado la frente.

Furiosa, exigió que los padres del otro niño vinieran a disculparse en persona, sin siquiera preguntar quiénes eran.

Después de todo, conocía a los padres de casi todos los niños del kínder, y su familia era la más adinerada de toda la clase.

*¿Cómo se atreve un niño a ofender a mi nieto?*, pensó. *Sus padres deben venir a disculparse*. Lo que no esperaba era que se tratara de un niño nuevo, y menos que fuera el joven amo del Grupo Escalante.

—Andrés, cuéntame qué pasó con el niño de la familia Ortega.

—Dijo que Meli lo maltrataba —explicó Andrés—. Yo solo le sugerí que se hiciera una evaluación de lesiones y que, si realmente sufría maltrato, debía denunciarlo a la policía. Pero se enfureció y me atacó. Yo no le pegué, no quería dejarle marcas que pudieran perjudicar a Meli. Él perdió el equilibrio y se golpeó contra la mesa.

—Reni, ¿te caíste tú solo contra la mesa? Entonces todo fue un malentendido, un simple malentendido. Será mejor que nos vayamos ya.

Renata intentó marcharse, pero la voz helada de Salomón la detuvo.

—¿A quién de ustedes se le ocurrió la idea de hacer que un niño difame públicamente a su propia madre?

Las palabras de Salomón hicieron que los rostros de Renata y Claudia se contrajeran.

Cuando le pidieron a Renán que hablara mal de Melibea, nunca imaginaron que alguien saldría en su defensa, y mucho menos que esa persona sería Salomón.

Para Claudia, era como haber escapado de la muerte solo para caer en una trampa mortal.

Salomón se dirigió a Melibea.

—La familia Escalante tiene el mejor departamento legal. Podemos ayudarte a demandarlos por difamación. El día que pierdan el caso, ¡sus acciones se desplomarán!

Pero Melibea respondió con indiferencia:

—Déjalo así. Con las palabras que ha dicho, ya no es mi hijo. Ya no me importa. Para mí, ellos son extraños, así que lo que digan me da igual.

Melibea no quería seguir con el asunto porque en los ojos de su hijo, Renán, había odio.

Antes era desprecio, ahora era odio.

Él creía que ella estaba lastimando a su padre, a su tía y a su abuela.

Pero no se daba cuenta de que la única herida era ella.

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