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Cazando al Infiel: ¡Lárgate, Traidor! romance Capítulo 97

El rostro de Claudia se ensombreció. Ni loca iba a cuidar a una suegra paralítica. Era una señorita de la familia Calderón, después de todo.

Además, ¿por qué seguía llamándola cuñada?

Después de todo lo que había pasado, hasta Renán había dicho en público que quería que ella fuera su madre.

Su antiguo romance ya era de conocimiento público. La telenovela que había financiado antes estaba diseñada precisamente para que, cuando todo saliera a la luz, el público aceptara mejor su relación.

Había jugado bien sus cartas, pero ¿acaso él no pensaba darle un lugar oficial?

Seguramente seguía bajo la influencia de Melibea. Esa mujer era increíble: forzó el divorcio a propósito, sabiendo que lo inalcanzable y lo perdido siempre son lo más deseado.

Pero no la dejaría salirse con la suya. ¡Iba a destruir su reputación por completo!

Cuando Melibea salía de la residencia Escalante, recibió una llamada de Brando.

*¿Qué querrá?*

Melibea no contestó, simplemente colgó.

Inmediatamente, recibió un mensaje de texto.

[Mamá se desmayó. Dice que la medicina no le hace efecto. ¿Hay algún problema con la receta?]

Melibea soltó una risa fría. ¿Por quién la tomaba? Podía tener problemas con la receta, pero era médica y tenía ética. Simplemente, los ingredientes de esa receta eran raros y en el mercado abundaban las imitaciones de mala calidad. Ella solía seleccionarlos personalmente. Ahora, seguramente, los encargados no se molestaban en buscar los correctos y compraban cualquier cosa. Por eso no funcionaba.

Pero eso ya no era su problema.

Melibea guardó el teléfono en su bolsillo. Cuando Brando intentó enviarle otro mensaje, descubrió que lo había bloqueado.

¿Bloqueado? ¿Qué significaba eso? ¿Era por culpa o por enojo? ¡Cómo se atrevía a bloquearlo!

¡Brando estaba que echaba humo!

Marcó un número.

—Investiga dónde está Melibea ahora mismo.

Melibea estaba en casa, pintando, cuando sonó el timbre.

—Quiero saber sobre la condición de mi madre. Hablemos adentro.

Dicho esto, entró sin permiso. Melibea se quedó sin palabras.

¡Qué descarado!

Brando examinó la casa con una mirada penetrante.

—Qué buena casa. Es de Evaristo, ¿verdad? Vives en la casa de Evaristo y trabajas como médica para la familia Escalante… Estás muy ocupada, ¿no?

—Es bueno estar ocupada, mucho mejor que ser ama de casa. Ya puedes irte.

La frialdad de Melibea le dolió a Brando como una puñalada. Antes, en los ojos de ella, solo existía él. Ahora, había de todo, menos él.

—Melibea, ¿te haces la tonta o de verdad no entiendes? Te apresuraste a divorciarte de mí para luego andar coqueteando por ahí con otros.

—Ya que sabes que estamos divorciados, no es de tu incumbencia si coqueteo con uno o con diez.

—Melibea, ¿has pensado en lo que sentirá el niño? Cuando Reni se entere de que su madre anda con otros hombres, ¿no crees que le dolerá?

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