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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1087

—Si no me crees, ahorita le pido que me mande una foto.

Y diciendo esto, Viriato Pérez llamó a su nieto por celular.

Quién sabe qué le habrá dicho el profe Pérez, pero el nieto efectivamente le mandó una foto.

Sin embargo, al ver al chico, a Cecilia le pareció bastante conocido.

Al ver que Cecilia miraba la foto fijamente, el profe Pérez pensó que había esperanza: —¿Qué te parece? Muy guapo mi nieto, ¿verdad? Desde chiquito siempre le han llovido los cumplidos.

—Su nieto me resulta familiar —dijo Cecilia con sinceridad.

—¿¿Familiar? Míralo bien, ¿a poco no hacen una pareja increíble?

Cecilia soltó una carcajada; el profe Pérez era bastante ocurrente.

—No es eso. —Se puso seria—. De verdad me suena su cara, a lo mejor lo he visto en algún lado. ¿Cómo se llama?

—Tristán Pérez —el profe Pérez pronunció el nombre de su nieto con orgullo.

—Tal vez lo viste en la Universidad de Viento Claro. Ahorita está con su empresa y, al mismo tiempo, haciendo la maestría. Está en el último año y lo más seguro es que siga con el doctorado.

En realidad, el nieto no quería estudiar el doctorado, pero sus papás le pusieron como condición que, si no lo hacía, no lo apoyarían con su empresa.

A Tristán no le quedó de otra más que estudiar y emprender a la vez.

Al hablar de él, al profe Pérez se le iluminaba el rostro de orgullo.

Cecilia dudó un momento: —Lo siento, no lo conozco. El muchacho que yo vi se llama Germán.

Además, el tal Germán no tenía tanta presencia como Tristán.

Germán era el típico idiota.

Teniendo a una chica de buena familia como Macarena, prefirió irse con Gina, que era una mosquita muerta muy manipuladora.

Claro que a Cecilia no le importaba con quién anduviera la gente.

Solo lo veía como un chiste.

—¿Germán? —El profe Pérez se quedó pasmado—. ¡Ese es mi nieto menor!

¿Eh?

Ahora fue el turno de Cecilia de sorprenderse.

Aunque el que heredó el negocio tenía sus mañas, para el profe Pérez, su hijo menor no le llegaba ni a los talones a su esposa.

Y el nieto menor, aparte de su buena cara, no era ni la mitad de maduro, responsable y capaz que el mayor.

La gente solía decir que la familia del hijo mayor se parecía a él, y la del hijo menor a su esposa.

Pero, en realidad, el profe Pérez consideraba que quien más se parecía a su mujer era Tristán.

Lástima que ya le habían dado el control al hijo menor; cambiarlo ahora por el nieto mayor causaría problemas.

De no ser por eso, probablemente su esposa también habría preferido hacer el cambio.

—Si ya conoces a Germán, te aseguro que él no es tan guapo como su primo. Si ves a Tristán, seguro te va a encantar.

El profe Pérez no quiso ahondar en detalles familiares y volvió a enfocarse en sus nietos.

Estaba empeñado en venderle a su nieto mayor a toda costa.

Cecilia fue directa: —Sí, su nieto menor no tiene muchas luces que digamos.

Lo dijo con tanta seriedad que no sonó para nada como un insulto.

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