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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1091

Esta chica se llamaba Julieta, tenía la cara redondita y regordeta. A simple vista se notaba que le encantaba comer.

—Eso me temo que no se va a poder.

Mireya pensó en cuánto costaría la sazón de un gran chef. Si pedía poco, Ceci saldría perdiendo; si pedía mucho, lo más seguro es que esta chica la insultara a sus espaldas.

—¿De verdad no se puede? —Julieta hizo un gesto de súplica con las manos y puso una expresión lastimera—. ¡Se los ruego, solo quiero comprarles una porción pequeña!

Mireya miró a Cecilia. Ya no sabía qué hacer; con lo que le acababa de decir, le resultaba imposible negarse.

—Te puedo dar a probar, pero olvídalo de comprar una porción —dijo Cecilia.

Tomó un plato pequeño, seleccionó un par de trozos de carne y le hizo una seña a Julieta para que pasara a recogerlo.

Julieta entró, y ese aroma volvió a invadir sus sentidos.

—¿Puedo... puedo comérmelo aquí mismo? —preguntó Julieta, aspirando profundamente el delicioso olor.

—Te lo puedes llevar —respondió Cecilia, sorprendida.

—Sí, llévatelo, no vaya a ser que te lo comas y ya no te quieras ir —agregó Mireya.

Pensaba que, si el aroma había logrado atraer a Julieta, lo más probable era que, tras probar la comida, se aferrara a quedarse. O tal vez, mientras comía, se le antojaran los demás platillos.

Mireya recordó que su vida de ensueño actual dependía por completo de su compañera de cuarto; si había una persona más, le tocaría menos comida, ¡y no estaba dispuesta a permitirlo!

Julieta levantó la mano como si hiciera un juramento.

—No se preocupen, solo voy a probar un poco, les juro que no pediré más. Lo que pasa es que esta comida huele tan rico que, si me la llevo, mis otras compañeras van a llorar del antojo.

»Y si después vienen a pedirles más, ¿no pondríamos a Cecilia en un apuro?

—Cecilia, ¿no andaban diciendo en la universidad que tú querías ir a la fiesta de cumpleaños de Sabrina y que le rogaste por una invitación, pero ella te rechazó?

Al escuchar eso, Macarena salió de inmediato en su defensa.

—¡Por favor! ¿Acaso Cecilia tiene cara de ser de las que ruegan para ir al cumpleaños de alguien más? ¡Todo eso son puros chismes!

Cecilia ya les había aclarado a sus compañeras desde el primer momento que había sido Sabrina quien la invitó a la fiesta. Sin embargo, como los horarios se le empalmaban y no tenía tiempo, fue ella quien rechazó a Sabrina.

A Cecilia no le importaba mucho quién se había inventado el chisme.

Después de todo, la noche anterior, Sabrina había admitido frente a todos sus amigos y compañeros que ella era quien había invitado a Cecilia y que esta la había rechazado.

A menos que alguien estuviera manipulando la situación a propósito, nadie más debería confundirse al respecto.

—Yo también sé que es mentira —comentó Julieta—. En ese momento, yo era una de las pocas personas que estaba cerca de ti en la cafetería y vi todo lo que pasó desde el principio. Lo que quiero decir es que ese chisme lo inventó Jorge, el de tercer año.

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