Esta chica no se andaba con rodeos.
Le valía un comino dejar en ridículo a Sabrina.
Y le importaba todavía menos que Jorge fuera de un grado superior o parte de la sociedad de alumnos.
De verdad no le daba miedo que le hicieran la vida imposible.
—Si hay alguna confusión o no, pregúntenselo a Jorge para que se los aclare.
»Recuerdo que la primera vez que rechacé la invitación de Sabrina aquí en la cafetería, Jorge estaba presente. Y lo que pasó después en el cumpleaños de Sabrina, y por qué yo estaba en la Villa La Luna Plateada, ustedes lo saben mejor que nadie.
»Lo que no entiendo es por qué te fascina tanto inventar chismes.
»¿Crees que por haber rechazado a Sabrina la hice quedar mal y ahora intentas salvarle el honor?
»¿O simplemente crees que no tengo derecho a rechazarla, y por eso tienes que tergiversar todo para causar problemas?
Jorge se quedó mudo.
Cecilia había leído sus intenciones a la perfección.
Dejándolo sin una sola excusa para defenderse.
Instintivamente, Jorge miró a Sabrina.
Ella también se puso nerviosa, temiendo que el inútil de Jorge le echara la culpa de todo.
Jorge intentó mantener la compostura a como diera lugar.
—Cecilia, cuida tus palabras —le advirtió—.
»No tienes pruebas. ¿Con qué derecho me acusas de inventar chismes?
»¡Incluso si viniera la policía, primero tendrían que investigar antes de condenarme!
Su plan era negarlo todo hasta la muerte.
—¿Así que no vas a dar tu brazo a torcer hasta que te refriegue la verdad en la cara?
Cecilia sonrió con frialdad y sacó su celular para reproducir unos videos.
En los videos se veía a Jorge hablando a los cuatro vientos, contando cómo Cecilia le había rogado por una invitación a Sabrina en la cafetería y cómo, tras ser rechazada, había ido de arrastrada a la Villa La Luna Plateada.
También decía que, al final, Cecilia ni siquiera había logrado entrar a la fiesta de Sabrina, pero que se había inventado excusas para rondar por la Villa La Luna Plateada.
A ese tipo no se le daba bien decir cosas buenas de la gente, pero para esparcir chismes era más rápido que la pólvora.
Los de la sociedad de alumnos intercambiaron miradas. ¡Ese Jorge!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana