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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1098

Por otro lado, la tutora de Jorge estaba aún más sacada de onda.

Era la primera vez que la mandaban llamar como si fuera mamá de un alumno, ¡y para colmo, lo había hecho un profesor de otra facultad! Era una locura.

Por teléfono, la tutora había intentado por todos los medios sacarle la sopa de lo que había hecho Jorge.

Pero Jorge simplemente no soltó prenda.

Tonto no era, sabía perfectamente que si abría la boca en ese momento, solo se ganaría una buena regañada.

—¿Quién se atrevió a meterse con Cecilia?

La tutora de Cecilia llegó exigiendo respuestas.

Le importaba un comino si había directivos presentes, su estrategia era imponerse desde el primer segundo.

—Ay, profe González, ¿qué cosas dice? ¿Quién en su sano juicio se metería con un estudiante suyo?

La que habló fue la tutora de Jorge, quien había llegado antes. Era una mujer con lentes que aparentaba unos cuarenta años.

—Profe Merino, ¡cuánto tiempo sin verla! Se ve usted más guapa que nunca —respondió la profe González.

La profe González tenía una labia increíble; sabía qué decirle a cada persona para ganársela.

—Profe González, no crea que con un par de halagos me va a marear.

—Todavía no tenemos claro cómo empezó todo este pleito, así que no ande diciendo que fue mi alumno el que se metió con la suya.

La profe Merino sonaba estricta, pero era evidente que su semblante severo se había relajado un poco.

Definitivamente, a cualquier mujer, sin importar la edad, le gustaba que le dijeran cosas bonitas.

—Oiga, que no se lo digo nada más por defender a mi alumna.

—Se lo digo de todo corazón.

—Pero bueno, regresando al tema, yo conozco a mi alumna y le aseguro que ella nunca sería la primera en buscar pleito.

Yael González defendió a su estudiante con toda la firmeza del mundo.

¿Y la profe Merino?

Parecía que ella no tenía la misma seguridad que Yael.

Volteó a ver a sus alumnos.

No solo estaba Jorge, también estaba Sabrina.

Sabrina era una alumna excelente, y la verdad es que Jorge tampoco tenía mal promedio.

Pero como Jorge siempre andaba detrás de Sabrina como chicle, a la profe Merino no le terminaba de caer bien.

Si ya había logrado entrar a la universidad, ¿de qué le servía tener la cabeza en las nubes todo el santo día?

Mejor se hubiera puesto a estudiar en serio para conseguir un buen trabajo al graduarse.

¿Qué tenía de bueno andar de arrastrado?

Jorge se tambaleó y casi pierde el equilibrio.

Pero ni de broma se atrevía a enojarse con la maestra.

La profe Merino solía portarse bien con ellos, pero cuando se le subía el carácter, ardía Troya.

Todos decían que no había nada más peligroso que una mujer enojada, parecía una auténtica fiera.

En ese momento, Sabrina dio un paso al frente:

—Profe Merino, profe González, se los juro, todo esto es solo un malentendido.

—Por favor, no se enojen.

—Jorge, pídele una disculpa a Cecilia de inmediato.

—Estoy segura de que Cecilia es lo suficientemente buena persona como para perdonarte.

La profe Merino le echó una mirada a Sabrina y la cortó con un gesto de la mano:

—Ya, ya, tú no te metas. Que hable él.

—Jorge, ¿acaso te comieron la lengua los ratones?

Al escuchar el grito, a Jorge no le quedó de otra más que mirar a Cecilia con la cola entre las patas:

—Cecilia, perdóname. Fue toda mi culpa.

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