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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1296

Rayan se subió al coche para regresar con ellos.

Aunque llegaron juntos, venían en dos autos distintos.

El auto de Cecilia lo iba manejando Gabriel, el secretario de Raúl.

El secretario también era de Villa Ortiz.

Era un joven que se había esforzado para ir a la universidad y, al graduarse, había entrado a trabajar al Grupo Dorado.

Como de todas formas iba a volver para la reunión familiar, el arreglo fue perfecto.

Primero pasaron a la mansión Ortiz, y en cuanto se bajaron, el secretario estacionó el vehículo afuera de la residencia principal.

Cecilia había llevado bastantes regalos por las festividades.

Pero, obviamente, no se comparaba con lo que traía Raúl.

Porque, además de los dos autos, los venía escoltando un camión de carga entero, lleno de obsequios.

Ahí venía la ayuda que la abuela Lorena enviaba anualmente para los ancianos y niños de Villa Ortiz.

Prácticamente había algo para cada familia.

La razón por la que todos en el pueblo respetaban ciegamente a Lorena como líder, no era solo por su capacidad de liderazgo, sino por los beneficios tangibles que les garantizaba.

Aunque el Grupo Dorado pertenecía exclusivamente a Lorena y fue fundado por su difunto esposo...

Ella jamás olvidó sus raíces. Cada año repartía una jugosa cantidad de dividendos entre los habitantes.

Gracias a eso, los aldeanos gozaban de una vida desahogada y libre, sin envidiar en lo más mínimo a la gente de la ciudad.

Incluso, en Villa Ortiz existía un sistema en el que cada mes anotaban lo que necesitaban, alguien iba a comprarlo al por mayor y luego se repartía.

Claro que aún iban al mercado cercano para comprar sus propios gustos.

La educación de todos los niños del pueblo se pagaba con un fondo común, que por supuesto, manejaba la líder de la familia.

Por eso, la calidad de vida en Villa Ortiz era motivo de orgullo.

Especialmente en estas fechas, sabían que recibirían regalos y bonos, por lo que todos esperaban el fin de año con ansias.

Y como era de esperarse, apenas el camión asomó por la entrada, la gente lo rodeó con alegría.

Lorena había delegado toda la logística de la entrega al tío Thiago, quien ya andaba por ahí distribuyendo las cosas casa por casa.

Aparte de los regalos, existía la tradición de que la mañana del primer día del año, todos iban a presentarle sus respetos a la líder y ella les entregaba sobres con dinero.

—En eso eres la viva imagen de tu padre.

Al escuchar la mención de su padre, a Cecilia le vino de golpe a la mente el equipo de vigilancia que habían plantado en su apartamento.

—Abuela, sospecho que mi identidad ya fue expuesta y que esos tipos me tienen en la mira.

La mano de Lorena se tensó sobre el gato, que se despertó sobresaltado.

—¿Qué dices? ¿Alguien intentó hacerte daño?

Por miedo a que algo le ocurriera, le había asignado guardaespaldas.

Pero los hombres tenían prohibido entrar a la escuela.

Solo vigilaban desde un departamento contiguo al de ella.

Cuando salía a otros lugares, la seguían de cerca.

Pero siempre desde las sombras, sin hacer ruido, para no levantar sospechas.

La anciana temblaba por dentro; su hijo y su nuera ya estaban desaparecidos, ¡jamás permitiría que su nieta corriera el mismo destino!

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