A Cecilia eso le tenía sin cuidado; seguía actuando a su manera, sin darle importancia.
Julia, en cambio, se había vuelto más unida a Cecilia. Después de ver cómo Teodoro se la había llevado aparte, le quedó claro que no era alguien común y corriente.
Si había logrado obtener el reconocimiento de uno de los mejores médicos del país, ¿cómo iba a ser una persona del montón?
—Mi hermano ya planea que me quede a vivir en Viento Claro.
—El doctor Teodoro aceptó tratar mi enfermedad. Mi hermano llegó a un acuerdo con ellos.
Cecilia se apresuró a hacerle un gesto de tiempo fuera.
—No me cuentes.
—No quiero saberlo.
Cecilia se tapó las orejas exageradamente.
Julia soltó una carcajada.
—De verdad que eres... Mi hermano también me advirtió que no dijera nada.
—Con que tú lo sepas es suficiente. —Cecilia supuso que Luis debió haber hecho un trato con la gente de Mirasia para que el doctor Teodoro aceptara salvar a Julia.
Y estaba segura de que el doctor Teodoro pondría todo su empeño.
Después de todo, era una oportunidad invaluable.
Lo que obtendrían a cambio de tener una buena relación con Luis era motivo suficiente para que hicieran hasta lo imposible por mantener a Julia con vida.
Como Cecilia ya imaginaba el desenlace, se adelantó a felicitarla.
—Considéralo un hecho: ya la libraste.
Julia abrió los ojos de par en par.
—¿Cuál vidita? ¡Mi vida vale muchísimo!
—Sí, sí, sí, tienes toda la razón.
Cecilia y Julia iban platicando y riendo camino a la cafetería cuando, a mitad del trayecto, se toparon con un estudiante de intercambio de Estrellonia.
—Hola, Julia —saludó Jules Richard, el estudiante de Estrellonia.
Julia le respondió con una sonrisa forzada y distante, pasando de largo.
Se suponía que ambos eran del mismo grupo de estudiantes extranjeros, por lo que no tendría sentido que se llevaran tan mal.
—¿No te cae bien? —preguntó Cecilia en voz baja una vez que Jules se alejó.
Julia torció la boca.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana