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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1113

Jules volteó a ver a Cecilia, regalándole la que él consideraba su sonrisa más seductora.

—Cecilia, aquí no hay nadie, ¿verdad?

—Claro que sí, ¿a poco no la ves?

Cecilia se mantuvo completamente seria. Al principio Jules no le creyó, pero su expresión era demasiado convincente.

—Imposible, ¿por qué yo no la veo?

Jules, incrédulo, se frotó los ojos.

—De verdad está ahí. Que tú no la veas no significa que no exista.

Jules empezó a sospechar que Cecilia le estaba tomando el pelo.

Volteó a ver a Julia de nuevo.

Julia se dio cuenta de que Cecilia solo quería jugarle una broma a Jules.

Recordó de inmediato que en Mirasia existían infinidad de leyendas sobre fantasmas y espíritus.

Incluso sus propias compañeras de cuarto, originarias de Mirasia, solían contar historias de terror por las noches.

—Sí está. Tiene el cabello largo y suelto, trae puesto un vestido todo blanco, ojeras muy marcadas, y unas uñas un poco largas...

—¡Y te está sonriendo!

Cecilia notó cómo las pupilas de Jules se contrajeron por un instante y agregó con una sonrisa:

—Es verdad, y hasta parece que trae ropa de allá, de Estrellonia. ¿Acaso será alguien de tu país?

El rostro de Jules palideció por completo. De repente, se escuchó un fuerte golpe metálico cuando dejó caer su bandeja de comida al suelo. Sin siquiera molestarse en recogerla, salió huyendo a toda prisa de la cafetería.

Julia se quedó boquiabierta por un segundo, y luego soltó un gritito:

—¡Ah! ¡La salsa me salpicó la ropa!

—¡Haz que te la pague! —le sugirió Cecilia.

Julia asintió con fuerza.

—¡Eso haré, me la tiene que pagar!

Esa blusa le había costado miles de pesos, lo cual para ella era solo cambio suelto.

En cualquier otra situación, jamás se habría puesto tan quisquillosa.

Pero con la sugerencia de Cecilia, la idea le resultó tentadora.

¡Ese tal Jules necesitaba una lección!

—¡Ese Jules no hace más que rebajar el nivel de los estudiantes de intercambio!

Julia todavía sonaba bastante indignada.

—No te preocupes, ni siquiera son del mismo país —la consoló Cecilia sin darle mucha importancia.

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