Isabella quería aprovechar para averiguar más sobre la vida de su prima, así que al salir le preguntó:
—Dora, ¿esa tal Micaela es amiga tuya?
—¿Por qué nunca me habías hablado de ella?
Isabella llevaba pocos años de haber regresado al país, y Dora había estado en un internado durante la preparatoria, regresando a casa solo los fines de semana.
Era normal que Isabella no supiera casi nada sobre la vida escolar de su prima.
—Prima, como tú nunca te interesaste por mis cosas en la prepa, es lógico que no sepas quién es Micaela.
—Y no es mi amiga, era mi rival.
—Aunque claro, en el examen de admisión yo le gané por mucho, ¡si no, no podría estar en la misma escuela que Ceci!
Dora lo dijo con un tono bastante presumido, sin importarle quién la escuchara.
¿Micaela?
—Tampoco es que me haya ido tan mal en comparación contigo, ¿eh?
En realidad, las calificaciones de Micaela no estaban tan alejadas de las de Dora.
Simplemente habían tomado rumbos distintos.
Dora levantó la barbilla con orgullo.
—Pero no entraste a la Universidad de Viento Claro, así que no pudiste ser compañera de Ceci.
Con que por ahí iba la cosa... ¿Ese era su gran triunfo?
—¿Acaso Ceci y tú están en la misma carrera o en el mismo salón? —Si Micaela había podido lidiar con el Tatuado, ¿no iba a poder poner en su lugar a Dora?
La sonrisa de Dora se congeló.
—No.
—Entonces seguro casi ni se ven en el campus, ¿verdad?
—Siendo así, da igual que estén en la misma escuela.
El tono relajado y sin importancia de Micaela hizo que Dora se sintiera sumamente ofendida.
—¡Claro que no! Estando en la misma escuela, podemos vernos para comer cuando queramos.
—Tú en cambio la tienes difícil. ¡Ir a tu escuela o que tú vengas a la nuestra implica tomar transporte! —Dora recuperó su aire de superioridad al mencionar esto.
—Son solo cuatro paradas, eso no es distancia. Capaz y tardamos menos en llegar que ustedes caminando por todo su campus.

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