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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1541

—Es para mantenerlo aferrado a la vida. Es muy valiosa. En todos estos años, apenas he logrado reunir los ingredientes para fabricar tres.

En realidad, tenía más, pero eso era lo único que podía decir en público.

De lo contrario, su tesoro solo atraería envidias y problemas.

En el fondo, poseía cinco. Tres de ellas estaban destinadas a la venta, mientras que las otras dos eran su reserva personal; planeaba guardar una para su abuela y otra para su abuelo materno.

En cuanto a la abuela Paloma Ruiz, hace años, cuando preparó la medicina por primera vez, ya le había apartado una.

Por lo tanto, en total había fabricado seis de esas preciadas píldoras.

—Durante las próximas cuarenta y ocho horas, junto con mis sesiones de acupuntura, esto lo mantendrá respirando.

—Lo que suceda después, quedará en manos del destino.

Eso de dejarlo en manos del destino no sonaba nada tranquilizador.

Pero si Cecilia Ortiz lo decía de esa manera, Isaac Hernández sentía que no tenía ningún derecho a rebatirle.

Cecilia también se encargó de suturar las heridas del joven soldado.

Como había perdido demasiada sangre, la situación seguía siendo crítica a pesar de los puntos.

Sin embargo, la destreza que demostró en toda la intervención fue suficiente para que Isaac sintiera una profunda admiración por ella.

Mientras Cristhian Lara y sus hombres salieron a perseguir a los fugitivos, Haroldo Juárez lideró al resto del equipo para registrar toda la cueva.

El lugar, en efecto, había sido transformado por los estrellonianos en un laboratorio clandestino. Y a juzgar por la forma en que esos hombres escaparon, era muy probable que hubieran activado algún mecanismo de seguridad.

Haroldo y sus hombres no tenían forma de abrir la puerta del laboratorio.

Sara y José, que tenían conocimientos en tácticas de evasión y antiguos mecanismos de cerrajería, la analizaron un buen rato hasta descubrir que la trampa estaba integrada con tecnología de punta.

—Estos estrellonianos son muy astutos. El mecanismo tiene un programa de autodestrucción.

—Si intentamos entrar por la fuerza en este momento, el laboratorio entero va a volar por los aires.

—Solo nos queda esperar a que el capitán Lara capture a esos tipos y los obligue a escupir la contraseña.

*¿Una contraseña?*

Cecilia clavó la mirada en la cerradura digital de la puerta.

—Déjenme intentar.

Sacó sus herramientas de la mochila y, en cuestión de segundos, ensambló una minicomputadora.

—Quince minutos.

Si nada salía mal, tendría acceso en menos de quince minutos.

En circunstancias normales, un código así sería pan comido, pero esta puerta incluía algoritmos complejos diseñados para ocultar los experimentos ilegales de Estrellonia. Sus creadores habían sido extremadamente cautelosos.

Cuando diseñaron la seguridad, los estrellonianos nunca imaginaron que alguien intentaría hackearla.

La programaron con el nivel de complejidad más alto posible.

Incluso para Cecilia, el reto era considerable.

Por suerte, su mente era asombrosamente ágil, y sus estudios previos en ciberseguridad le daban la ventaja necesaria para analizar y romper las barreras.

Quince minutos era un tiempo razonable. Podían permitirse esperar.

Haroldo soltó un suspiro de alivio.

Pero de pronto, un nuevo pensamiento cruzó por su mente:

—Si no logra descifrarla, ¿qué pasará con la puerta?

—Se bloqueará de forma permanente —respondió Cecilia, tecleando a toda velocidad sin molestarse en levantar la cabeza.

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