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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 383

—Bueno, pero ya te enteraste, ¿no? ¿Y tú por qué tienes el Instagram de Sandra? ¿Cuándo se hicieron amigas?

Cecilia estaba extrañada. Josefina no le dio explicaciones, solo le exigió que le mandara la ubicación porque iba para allá.

Cecilia, sin más opción, le envió la dirección.

Media hora después, Josefina llegó hecha un torbellino. Traía un ramo de flores enorme y precioso, y una caja de regalo muy elegante con un bolso para Cecilia.

—Es el nuevo modelo de LV. Me compré uno igual. ¿A que soy la mejor prima del mundo? —presumió Josefina en cuanto cruzó la puerta.

Cecilia acomodó las flores y luego admiró el bolso tal como Josefina esperaba.

Sandra se acercó a curiosear.

—Es la colección de este año, edición de temporada, ¿verdad? Está increíble.

Cecilia agradeció el gesto:

—Gracias, Fina, está hermoso.

Josefina sonrió radiante.

—¿Ya les dije que tengo buen gusto? Oigan, ¿qué vamos a cenar?

Ella misma propuso:

—Escuché que cerca de la escuela abrieron un lugar de especialidades de carne que está buenísimo, el caldo es espectacular. Con este frío, se antoja algo así, ¿no?

La propuesta de Josefina sonaba mejor que quedarse a freír bisteces en casa.

—¡Sí, vamos! —A Sandra se le iluminaron los ojos al escuchar sobre comida. Se colgó del brazo de Cecilia—. Ándale, Ceci, vamos.

—Quintín, ¿tú no tienes problema? —preguntó Sandra, tratando de incluirlo.

Como buen caballero, Quintín no iba a contradecir a las chicas.

—Por mí está bien, lo que ustedes quieran.

Josefina recordó de golpe que Cecilia había vendido una almohada por veinte millones. ¡Cierto!

—Está bien, tú invitas, no voy a pelear contigo. Pero, ay, quedé llenísima. ¿Qué van a hacer ahora? ¿Cada quien a su casa o vamos a algún lado?

Cecilia miró a Sandra y a Quintín.

Ambos negaron con la cabeza frenéticamente al escuchar la palabra «casa».

—Si no fuera porque mi mamá es capaz de venir por mí, me quedaría a dormir en casa de Ceci —dijo Sandra.

Quintín también quería quedarse, pero le daba pena pedírselo a Cecilia.

—Yo también prefiero llegar tarde. En estos días festivos no he tenido ni un minuto de paz —dijo él, con la mente embotada.

Josefina, experta en diversión, propuso:

—Entonces vengan conmigo, los llevaré a bajar la comida.

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