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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 518

—Menos mal que no hablé de más —rio Miranda. Sabía que la relación entre ambas familias no era la mejor. Celebraban al mismo tiempo y ni siquiera sabían que estaban pared con pared.

—Nosotras estamos en un reencuentro de viejas amigas y celebrando algo bueno, no vamos a molestar la reunión familiar de otros —dijo Lorena con frialdad.

Miranda agradeció nuevamente su discreción.

Cecilia probó el «Corona de Gloria». El sabor era realmente bueno: dulce, suave y no empalagoso. Se comió dos trozos de un tirón. Las dos señoras comieron uno cada una; querían más, pero temían que les cayera pesado, ya que la cocina de Miranda era tan buena que habían comido hasta casi reventar.

Después de comer, Lorena llevó a Leire a caminar por el jardín. Era una residencia privada no abierta al público. Alguien vio entrar a las dos señoras y quiso seguirlas por curiosidad, pero los camareros que custodiaban la entrada se lo impidieron.

Arturo salió y, al oír que alguien había entrado a la zona privada de La Belle Cuisine, supuso que eran ellas, pero no podía hacer nada. Después de haber sido rechazado varias veces en los últimos días, por muy dura que tuviera la cara, no se atrevía a armar un escándalo por el momento.

Cuando las señoras terminaron su paseo, Cecilia fue con ellas al hospital a visitar a Lautaro. Entre los exámenes y las competencias anteriores, había estado muy ocupada y apenas había podido atender las sesiones de acupuntura del señor Márquez. Afortunadamente, su condición era estable.

Sin embargo, apenas llegó y antes de ver a Lautaro, Fabio Calvo, el estudiante del doctor Acosta, la apartó a un lado.

—¿Ya terminaste el examen de admisión?

Fabio lo preguntó con total certeza. Todo el mundo sabía que hoy terminaba. Aunque él había pasado por eso hacía años, era una fecha de conocimiento general.

—Sí, por fin terminó.

Cecilia se sintió aliviada al decirlo.

—Está bien, avísame cuando tengas tiempo —Fabio obtuvo su respuesta y no insistió. Mientras ella no pusiera excusas, todo estaba bien.

Luego la llamaron al laboratorio para ver los resultados de las pruebas. La fórmula que Cecilia había proporcionado era muy efectiva: inhibía las células del cáncer óseo y promovía la regeneración celular. Era un gran avance para el tratamiento del cáncer.

El doctor Acosta ya había solicitado colaboración con otro experto en oncología. Si lograban desarrollar un nuevo medicamento, sería un hito para la medicina. Y el papel de Cecilia era innegable. Habían estado esperando a que terminara sus exámenes para que se uniera a la investigación.

Al verla llegar, el doctor Acosta le mostró todos los resultados de golpe.

—Sé que has estado ocupada y que algunas investigaciones no se pueden apresurar, pero mira, en solo tres meses hemos tenido resultados inesperados.

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