Ivana se había comunicado primero con Victoria, pero la actitud de Victoria fue sumamente fría. Era evidente que no tenía ninguna intención de empujar a su hija de vuelta hacia la familia Ortiz.
Y con razón. La familia Ortiz era ahora un barco hundiéndose. Nadie va a aventar a su propia hija a un desastre así, ¿verdad?
Si vino a buscar a Cecilia, fue porque no vio ninguna esperanza con Victoria.
Pensó en probar suerte con Cecilia, ¿quién sabe? A lo mejor a la muchacha le remordía la conciencia.
—Ya que tu papá te dijo que fueras a cenar, vámonos juntas.
Ivana quería que Cecilia se subiera a su coche, ya que ella venía manejando.
Cecilia se negó: —Llevo mi propio coche.
Ivana sabía que ahora debía llevarle la corriente a Cecilia, y tampoco podía usar la excusa de llevarla de regreso después de la cena.
No le quedó más remedio que aguantar el carácter de Cecilia.
Ivana subió a su hija al auto y le preguntó por qué había ido a buscar a Cecilia.
—Yo también quería ayudar un poco en casa. ¿No tiene problemas la empresa? Quería preguntarle a Cecilia si se le ocurría alguna solución.
Ivana frunció el ceño: —Si ni nosotros tenemos solución, ¿qué buena idea va a tener ella? De por sí no te traga, ir a buscarla es solo ganas de sufrir a lo tonto.
—Delfi, la próxima vez no actúes por tu cuenta.
Aunque el tono de Ivana no fue severo, sus palabras fueron duras.
Delfina bajó la mirada, ensombrecida: —Entendido, mamá.
—¿Y usted? ¿Vino a buscar a Cecilia por lo de la cita a ciegas?
—¿Qué cita? —Ivana no reaccionó al instante.
—Lo de la señora Quintana, la esposa de Erik. ¿No quería que Cecilia y su hijo anduvieran?
—Ah, sí. También para tantear a Cecilia. Estuve investigando por varios lados y el hijo de Erik, salvo que es feíto, en todo lo demás está bastante bien.
—Si a Cecilia no le importa mucho el físico, podrían intentar tratarse.
—No es solo por el préstamo para nosotros, también es por el bien de Cecilia.

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