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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 666

Lo único que quería era que su hijo se buscara una mujer cuanto antes para que sentara cabeza. Y si no, por lo menos que guardaran las apariencias.

Con que se casara y cumpliera con el deber de tener un hijo, por ella estaba bien. No le importaba con quién anduviera acostándose su muchacho; la familia se conformaba con criar al nieto.

Estaba dispuesta a hacerse de la vista gorda con las aventuras de su hijo.

¡Pero ni loca iba a permitir que los chismes destruyeran su reputación y la de Erik!

—Ay, discúlpame, Irene —comenzó Ivana—, pero resulta que Cecilia ya está comprometida. Es algo que nosotros tampoco sabíamos.

El rostro de Irene se transformó.

—¿Cómo que está comprometida? ¿No me habías dicho que, desde que rompió su anterior compromiso, ni siquiera había tenido novio?

«Seguro es un vil pretexto para rechazarme», pensó Irene, a punto de explotar del coraje.

—Te lo juro, nosotros no teníamos idea. Desde que esa niña se fue de la casa de los Ortiz, me agarró mucho rencor. Reconozco que tuve cierta preferencia por mi hija biológica, pero...

»Pero mi pobre Delfi sufrió tantas carencias en el campo que era natural que yo quisiera consentirla un poco, ¿no crees?

»En cuanto intenté compensar a Delfi, Ceci se enojó muchísimo y dejó de contarme sus cosas.

Ivana continuó con su papel de víctima frente a Irene.

—¿Y de dónde salió ese prometido? —Irene seguía sin querer darse por vencida.

Le había costado mucho trabajo encontrar a una candidata sin respaldo familiar; de ese modo, aunque los Ortiz descubrieran la verdad sobre su hijo, se quedarían callados por puro interés. Y ahora le salían con que la chica no solo los rechazaba, sino que ya tenía dueño.

—No sé de quién se trate. Solo me dijo que fue un arreglo de la familia de su difunta madre biológica.

Ivana realmente ignoraba la identidad del prometido de Cecilia.

—¿Su madre biológica? ¿O sea que tiene familia materna? —Irene frunció el ceño. Al principio quería a alguien fácil de manipular.

Si la verdadera familia de Cecilia resultaba ser de armas tomar, no tenía caso buscarle problemas innecesarios a los Quintana.

—Ay, Irene, ¿lo dices en broma? ¡Todo el mundo tiene una madre biológica!

Claro, Irene; ¿cómo no va a tener una madre biológica?

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