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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 678

Ivana no tenía estómago para comer, pero aun así, volteó a ver a Arturo.

—Arturo, ¿quieres que Delfina te traiga algo? Llevas todo el día en la oficina...

El hombre le echó una mirada fría a la joven. En el pasado, cuando todavía creía que era de su sangre, había intentado compensar la falta de afecto dándole los mejores lujos, incluso prestándole más atención a ella que a Cecilia.

Pero ahora sabía la verdad.

Entendía que la chica no tenía la culpa de su origen y que los hijos no elegían a sus padres, pero cada vez que la veía, recordaba la humillante traición de Ivana. Por eso la trataba con tanta frialdad.

Arturo cerró los ojos un momento y respondió seco:

—No quiero nada.

Ivana no insistió y le hizo una señal con la mirada a Delfina para que se fuera.

La chica salió de la sala de espera sin apetito y llamó por teléfono a Ramiro.

Él también se quedó helado al escuchar la noticia del accidente. Y cuando supo que todo había ocurrido de camino a la zona oeste, su mente ató cabos; no podía ser una casualidad. Ahora sí, los Gallegos se encontraban entre la espada y la pared.

Ramiro la consoló, le prometió que iría pronto al hospital y, en cuanto cortó la llamada, corrió a contarle a su padre.

Iván Gallegos compartía la corazonada de su hijo: ese choque no era obra del destino. A diferencia de Arturo, Iván sabía adaptarse mejor a las circunstancias y tragarse su orgullo. Si el proyecto del oeste realmente era un caso perdido, estaba más que dispuesto a tirar la toalla.

El único problema era encontrar a alguien que les comprara su parte. En todo Villa Solana, las personas con los recursos suficientes para absorber un proyecto de esa magnitud se contaban con los dedos de una mano.

—¡Papá! —Ramiro no ocultaba su rechazo a las palabras de su padre.

Iván soltó una carcajada cargada de sarcasmo.

—Ah, ¿sí? Y entonces, cuando te dije que rompieras el compromiso con Cecilia, ¿por qué aceptaste con tantas ganas? ¿O me vas a decir que después de crecer juntos no le tenías ningún cariño?

Ramiro se quedó helado.

Claro que le tenía cariño a Cecilia, pero en el fondo, sabía perfectamente que ella nunca lo había considerado un igual. Además, Cecilia era demasiado sobresaliente y estar a su lado siempre le había generado una tremenda presión, algo que con Delfina jamás había sentido.

—Te lo diré claro y sin rodeos: Delfina no le llega a los talones a Cecilia —sentenció Iván implacable—. Si quieres seguir con el teatrito de tu boda, hazlo. Cada quien se mete en su propio problema. Pero el día de mañana, cuando no tengas ni en qué caerte muerto, ¡quiero ver cómo le haces para mantenerla! ¡No es como Cecilia, esa inútil no sabe ganarse la vida por su cuenta!

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