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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 680

—Hoy en día, la mayoría de los hombres que aceptan irse a vivir a la casa de la mujer son unos vividores.

—Los que vienen de buena familia prefieren casarse con una mujer comprensiva y de su casa.

—¿Verdad que sí? Eso mismo le dije a la niña, ¿y a que no adivinas qué me contestó? —Victoria parecía bastante frustrada con la forma de pensar de su hija.

Blanca se quedó callada.

No podía decirle que las ideas de la señorita Peralta eran una locura.

Como era hija única, en el fondo sí podía darse el lujo de buscar a un marido que se mudara con ellos.

Así, la fortuna de la familia Peralta no caería en manos ajenas.

Sin embargo, ver que Victoria no parecía oponerse del todo a la idea hizo que Blanca se sintiera incómoda.

—¿Qué te dijo? —le siguió la corriente Jimena.

Victoria soltó una carcajada.

—Esa niña me dijo que no tenía nada de malo. Con todo el dinero que tenemos, ¿qué necesidad tiene de casarse e irse a vivir con otra familia para aguantar a los suegros?

»Dijo que mejor se busca a uno obediente que la consienta y la trate como reina.

Blanca ya no aguantaba escuchar más.

—Pero, si busca a un marido así, ¿crees que ese hombre pueda sacar adelante a la familia Peralta en el futuro?

»¿No te da miedo que solo la estén utilizando?

Victoria la miró de reojo.

—Es mi única hija, mi tesoro. Lo único que quiero es que sea feliz, sin importar cómo.

—Qué mente tan abierta tienes —dijo Blanca, forzando una sonrisa.

Esa misma noche, en cuanto llegó a casa, le platicó a su marido todo lo que había averiguado.

—La familia Peralta no tiene ni la más mínima intención de casar a su hija con alguien de nuestro círculo. Tienen miedo de que alguien de su mismo nivel termine quedándose con su fortuna.

»Por lo que vi, lo más seguro es que le busquen a un tipo que esté dispuesto a vivir bajo su techo y sus reglas.

»Nosotros solo tenemos a Ramiro, y aunque a ti te pareciera buena idea, yo jamás permitiría que mi hijo termine de arrimado.

De solo pensar que su hijo terminaría de sirviente de su suegra, a Blanca le dio un coraje entripado.

Iván escuchó toda la historia, pero pensó que todo era un simple pretexto de Victoria.

Elías, que era un gran admirador de ella, intervino bastante alterado:

—Si usted no tiene la certeza, doctora Ruiz, ¿quién más podría hacerlo?

Se negaba a creer que existiera alguien mejor que ella.

Los demás también clavaron la mirada en Paloma, esperando que no estuviera bromeando con una cirugía de esa magnitud.

—Mi nieta, Cecilia.

Ante la expectativa de todos, la respuesta de Paloma sonó, de hecho, como una vil broma.

Todos se miraron las caras, desconcertados.

Nunca en su vida habían escuchado el nombre de Cecilia. ¿Acaso la doctora Ruiz ya estaba preparando a su sucesora?

—¿Y esa señorita… Cecilia, en qué hospital trabaja? —preguntó uno de los especialistas.

Paloma se quedó un momento en silencio antes de responder:

—Apenas acaba de entrar a la universidad.

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