—¿Cómo dice?
Los especialistas pensaron que habían escuchado mal.
¿Cómo iba a ser la pieza clave para el éxito de la cirugía una estudiante recién ingresada a la universidad?
¿Será que la doctora Ruiz estaba diciendo todo eso a propósito solo para levantar el perfil de su nieta?
—Doctora Ruiz, su nieta está demasiado joven, no puede entrar a un quirófano —replicó el experto que había hablado antes, bastante inconforme.
—Así es, doctora Ruiz. Meter a una estudiante a cirugía es una total falta de seriedad.
—El paciente en la camilla es su propio nieto, doctora. Tiene que pensar las cosas en frío.
—Lo sé, y precisamente porque es mi nieto, quiero que las probabilidades de éxito sean un poco más altas. —Paloma ya se imaginaba que nadie iba a estar de acuerdo.
Al fin y al cabo, Cecilia no tenía ningún renombre, y dado que el pronóstico de la junta médica ya era bastante pesimista, la idea de meter a una jovencita al quirófano a todos les parecía una reverenda locura.
Hasta Elías, que la tenía en un pedestal, sintió que la propuesta era un disparate.
—Doctora Ruiz, su nieta apenas es estudiante. Podría entrar para observar y aprender, pero dudo mucho que sea de ayuda real durante el procedimiento.
Elías no daba crédito a lo que pasaba.
Su admiración por Paloma era tanta que el golpe de decepción le cayó de peso.
Si esto era solo un capricho personal de la doctora Ruiz para meter a su nieta, ¿cómo iban a detenerla?
¿Hablando con la familia?
El problema era que el chico en la plancha era el propio nieto de la doctora, y era muy probable que los demás familiares simplemente confiaran ciegamente en la palabra de ella.
Sin embargo, el hospital jamás iba a permitir algo así.
—Entiendo que les cueste trabajo creer que una muchachita tenga tantas habilidades, pero ella cuenta con su licencia médica.
Paloma se dio cuenta de lo que estaban pensando.
—Ha aprendido a mi lado desde que era niña. Lo más importante es que no solo estudió medicina convencional, sino también medicina tradicional.
»Su destreza quirúrgica quizá no se compare con los años de experiencia clínica que todos ustedes tienen, pero...
Paloma hizo una pausa estratégica:
»Todos los que estamos aquí somos de lo mejor en el campo de la cirugía, me imagino que cada uno tendrá su propia visión sobre cómo abordar este procedimiento.
»Pero si tuvieran una mejor opción... no me habrían mandado a llamar hoy, ¿o sí?
El comentario dejó al médico bocón pálido y tragando saliva.
Sabía que no tenían una mejor alternativa.
La única opción sería traer a alguien de fuera.
Pero, a esas horas de la madrugada, ¿a quién iban a conseguir?
Paloma ya era la mejor cirujana de toda Villa Solana, y su prestigio no era de adorno.
A pesar de que el especialista le llevaba la contraria, en el fondo no dudaba de sus verdaderas capacidades médicas.
El subdirector, que presidía la junta en la cabecera de la mesa, escuchó todo el debate antes de lanzar una pregunta clave:
—¿Dijo que su nieta se llama Cecilia?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana