Tampoco era como si no supieran nada de las habilidades de Cecilia.
—Estoy de acuerdo —dijo Arturo. Solo tenía ese hijo y no quería que quedara cojo.
El precio de perder una pierna era demasiado alto. Por eso consideraba que su esposa también debía priorizar a Héctor.
Sin embargo, Ivana temía que Cecilia aprovechara para vengarse:
—¿Puede garantizar que la cirugía será un éxito? Usted tal vez no conoce nuestra situación familiar. Cecilia fue nuestra hija de crianza, pero desde que mi hija biológica regresó, Cecilia se fue de la casa. Estos años hemos tenido muchos malentendidos, y me preocupa que la muchacha, en un arranque, se distraiga y cometa un error en el quirófano.
A Ivana solo le faltaba llevar un letrero en la frente que dijera que Cecilia iba a vengarse de ellos.
Elías Figueroa no entendía los problemas entre Cecilia y la familia Ortiz, pero notó de inmediato el desagrado que la madre de crianza sentía por la joven. Frunció el ceño.
—Nadie puede garantizar que una cirugía sea cien por ciento exitosa —respondió—. Si espera encontrar a un médico así para operar a Héctor, tendrá que seguir buscando. O intentar llevar al paciente al extranjero.
Era evidente la molestia en la sugerencia de Elías. Arturo lo notó y se apresuró a intervenir.
—Ella no quiso decir eso. Por supuesto que confiamos en mi madre y también en Ceci.
Al ver que el hijo de la doctora Ruiz sí era razonable, Elías soltó un suspiro de alivio.
—Cecilia no es doctora de este hospital, así que ustedes tendrán que hablar con ella directamente. Si acepta participar en la cirugía, deberán firmar un acuerdo por escrito.
—¿No es eso un acuerdo de exención de responsabilidad? —soltó Ivana de inmediato.

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