—Ceci, te encargo mucho a Héctor esta vez.
Arturo habló personalmente con Cecilia sin dejar que Ivana se metiera.
—Si ustedes confían en la abuela y en mí, haremos la cirugía. Si no confían, todavía están a tiempo de buscar a alguien más de afuera —le respondió ella con serenidad—. Señor Ortiz, dejando de lado nuestros problemas personales, Héctor y yo crecimos bajo el mismo techo muchos años, y tampoco quiero verlo sin una pierna o un brazo. Además, en el futuro seré doctora, y la ética médica es muy importante para mí. Puede estar tranquilo, daré lo mejor de mí en el quirófano. Por otra parte, no solo estaré yo, la abuela también va a estar. Por más que me tenga cariño, Héctor es su propio nieto. Ella jamás se quedaría de brazos cruzados viéndome echar a perder las cosas. Así que le pido a la señora Ortiz que no juzgue a todos con la misma vara.
Cecilia señaló directamente a Ivana.
A Ivana le pareció el colmo y no pudo evitar responder:
—No es que piense mal, es que cualquiera se preocupa más de la cuenta cuando se trata de su familia. Ceci, sé que tienes muchos problemas conmigo, pero esto se trata de Héctor. A pesar de todo, crecieron juntos. Solo espero que te lo tomes en serio. ¡La cirugía tiene que salir bien!
Al principio, a Cecilia no le parecieron tan graves sus palabras, pero al escuchar la exigencia de que la cirugía tenía que salir bien, no supo qué contestarle.
—Haré mi mejor esfuerzo. Pero si la operación no tiene éxito, será por los riesgos que de por sí implica. Espero que ambos como familiares estén conscientes de ello.
Cecilia no quería seguir discutiendo con Ivana; su actitud ya era sumamente distante y formal.
—Para ser honesta, no quería participar en esta cirugía, y ustedes deberían saber la razón. Cuando no hay confianza entre las partes, lo mejor es evitar involucrarse, pero me preocupa la abuela. A su edad, ¿qué pasaría si colapsa de cansancio a mitad de la operación?
Cecilia fue directa al grano.
Ivana se quedó callada, entendiendo a la perfección que la joven no tenía ninguna intención de operar. ¡Quería dejarlos a su suerte!
—Siempre le has tenido coraje a Cecilia porque sabías desde hace mucho tiempo que no era tu hija. Pero en ese entonces no era más que una niña inocente. Te sugiero que reflexiones bien sobre de quién fue realmente la culpa.
Ivana se quedó sin palabras por un momento antes de replicar:
—Mamá, ya sé que no me soporta, pero yo nunca traté mal a Ceci en el pasado. El que haya crecido en la familia Ortiz con privilegios que el noventa y nueve por ciento de los niños no tienen, ¿acaso no se lo dimos nosotros? Yo solo pido que no sea una malagradecida.
Al oír la palabra «malagradecida», el rostro de Paloma se endureció.
—Fueron ustedes los causantes de que la intercambiaran para vivir con la familia Ortiz, ¿de qué favores hablan? No me digan que todavía creen que ella les debe algo por haberla criado.
Arturo e Ivana se quedaron fríos. No esperaban que la anciana supiera todo con tanto detalle. A decir verdad, Cecilia había sido una víctima en todo eso.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana