Incluso la señora Lorena, en realidad, tenía todo el derecho a exigir cuentas a la familia Ortiz. Por supuesto, la primera en salir perjudicada en ese reclamo sería la amante de Arturo, esa mujer de la calle.
Paloma estaba muy al tanto de la situación. Prefería hacerse de la vista gorda para vivir en paz, pero si su hijo mayor y su nuera pretendían sacar en cara el favor de haber criado a la niña, no dudaría en sacarles los trapitos al sol.
Y, como era de esperarse, ambos se quedaron callados. Independientemente de quién tuviera la culpa, no era un asunto de Cecilia.
—Mamá, sabemos que nos equivocamos. No queríamos chantajearla emocionalmente, solo esperamos que haga lo mejor posible —se excusó Arturo, presionándola para no perder más tiempo—. Mejor entre ya al quirófano.
Paloma lo miró de reojo y, al final, no dijo nada más.
Por otro lado, Delfina llevaba rato guardando silencio. Cuando supo que Cecilia de verdad podía salvar a Héctor, de pronto se sintió completamente inútil. Empezó a sentir un rencor hacia Ivana. Si ella no hubiera permitido que las intercambiaran de bebés, ¿no habría crecido Delfina en la familia Ortiz desde el principio? ¿No sería ella quien hubiera aprendido medicina con la abuela? Y si fuera tan hábil como Cecilia, aunque Arturo descubriera más tarde que no llevaba su sangre, no le habría dado miedo dejar a la familia Ortiz, porque tendría las herramientas necesarias para salir adelante en el mundo. Sus conocimientos, su visión de la vida... todo sería diferente. ¡Cualquier cosa era mejor que haberse criado en el campo!
Delfina no tenía en dónde descargar su resentimiento. A ratos odiaba a Perla Lucero, a ratos a Ivana, pero a quien más odiaba era a Arturo. Si él no la hubiera engañado, su madre no se habría acostado con otro hombre para tenerla a ella. ¡La culpa era de los adultos! ¿Por qué era ella la que tenía que sufrir las consecuencias? ¡Hasta Cecilia, que también había sido una víctima, terminó sacando provecho de todo, mientras que ella...!
Delfina tenía los ojos llorosos. Ivana ni siquiera se percató de su presencia, y de haberlo hecho, no le habría prestado importancia, asumiendo simplemente que estaba preocupada por Héctor.


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