—Muy bien, pasemos a otro asunto. Usted le guardaba mucho rencor a Ivana y a Arturo, y no lograba superar el accidente de hace años...
—Así que también provocó el accidente del hijo de Arturo e Ivana, ¿no es así?
Perla sintió que se le helaba la sangre. No esperaba que la policía conectara el accidente de Héctor tan rápido.
Lo pensó un momento antes de responder:
—Oficiales, ¿no habrá un malentendido aquí?
—Es verdad que odio a Arturo y a Ivana, pero mi intención era vengarme de ellos.
—Además, ¿acaso ese accidente no tuvo que ver con la demolición de aquellos terrenos?
—¿Qué tengo que ver yo en eso?
Perla iba a seguir defendiéndose, pero el oficial la interrumpió, perdiendo la paciencia:
—¡Es verdad que no tenía por qué vengarse de Héctor, pero su objetivo principal siempre fue Arturo!
—Ese coche lo maneja Arturo normalmente. El hecho de que Héctor tomara el coche de su padre para ir a la zona oeste de la ciudad fue algo que usted no tenía contemplado, ¿o me equivoco?
—Yo... —Perla desvió la mirada.
El policía la miró fijamente:
—¡Señora, si se lo estamos preguntando es porque ya tenemos pruebas!
—Le aconsejo que diga la verdad en lugar de andarse por las ramas.
Al principio, Perla intentó seguir negándolo todo, pero tras un día y una noche de interrogatorio constante, terminó soltando la sopa y confesó sus crímenes con lujo de detalle.
Con Perla acorralada, el caso del accidente de Héctor avanzó sin problemas.
Además, la policía no tardó en desenterrar los expedientes del accidente de hacía años.
A Ivana se la llevaron detenida directamente desde el hospital.
Delfina estaba horrorizada.
—¡¿Por qué se llevan a mi mamá?!
—Descubrimos que está involucrada en un accidente de tránsito de hace más de diez años y necesitamos que nos acompañe a declarar.
El oficial se compadeció al ver a la joven llorar y le dio una breve explicación.
Delfina se quedó paralizada. ¿Por qué tenían que investigar un caso de hace tanto tiempo y llevarse a su madre?
—¿Encontraron nuevas pruebas?

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