—¿Qué pasó? —le preguntó Cecilia en voz baja, mirando de reojo a la familia de tres.
—Son los papás y el hermano menor de Valentina. Vinieron a exigirle dinero al director.
Cuando un actor sufre un accidente en el set, es un hecho que el director tiene cierta responsabilidad.
La producción ya se había hecho cargo de los gastos médicos. Los imprevistos eran comunes durante los rodajes, y para eso firmaban contratos.
Pero dejar que los padres de Valentina pidieran una cantidad absurda de dinero era inaceptable. Además, se había contratado un seguro que cubriría las indemnizaciones.
Obviamente, el equipo de producción pagaría su parte, pero era Tatiana quien debía encargarse de negociar ese dinero a nombre de Valentina. ¡De ninguna manera iban a depositarlo directo a la cuenta de sus padres!
Valentina estaba lastimada, no muerta.
En cuanto llegaron al hospital, esos dos se pusieron a gritar y a armar un drama como si Valentina ya se hubiera muerto.
Había sido gracias a que Tatiana controló bien la situación que los reporteros no habían llegado hasta la familia Calvo.
Si ellos hablaban con la prensa, quién sabe la que se iba a armar después.
El director ya estaba acorralado. Bastaba con escuchar a la madre de Valentina exigiendo dinero para darse cuenta.
Según ella, habían dejado botado el rancho y a sus animales para ir a “cuidarla”, así que el director también tenía que pagarles esas “pérdidas”.
Cada vez que Tatiana intentaba defender al director, Ágata le gritaba que seguramente estaba coludida con él para quedarse con la fortuna de su hija.
Hasta amenazó con contratar a un abogado y demandarla para asegurarse de que Tatiana no viera ni un peso.
A Tatiana ya le daba risa del puro coraje.
¡Por el amor de Dios! Ella nunca le había echado el ojo al dinero de Valentina y, al contrario, siempre la había ayudado en todo.
Claro, tampoco le había temblado la mano a la hora de cobrar su comisión.
Pero, a fin de cuentas, sin ella Valentina nunca hubiera llegado a ganar tanto.
Viendo cómo estaban las cosas, no iba a soltarles ni un centavo a esos dos viejos aprovechados.


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