Aurora miró a Cecilia con profunda gratitud.
Era evidente que este incidente no iba a crear un distanciamiento entre las primas.
La única que estaba furiosa era Helena.
El hecho de que su hija la desobedeciera la había hecho quedar en ridículo.
Su hija tenía un montón de joyas, ¿qué tenía de malo regalarle una a Cecilia?
¿Acaso la única forma de demostrar aprecio era gastando dinero en algo nuevo?
—Bueno, entonces fue error mío. Si a Ceci no le gusta, olvidémoslo.
—Y tú, Aurora, tu tía te ha dado muchísimos regalos; solo tomé uno para dárselo a Ceci, ¿por qué te pones en ese plan?
Aquellas palabras dejaron a todos los presentes en un silencio sepulcral.
Cecilia jamás había visto a una mujer tan descarada.
¿Acaso estaba desquitando su coraje con su propia hija?
—¡Mamá! —exclamó Aurora con pésima cara. Ni ella misma podía creer lo que acababa de escuchar.
Si hubiera sabido que esto iba a pasar, jamás habría aceptado acompañarla a Villa Solana.
Aurora estaba sumamente arrepentida.
El abuelo, Esteban Ortega, se quedó sin palabras al ver lo roja que estaba su sobrina nieta por el coraje.
—¡Ya fue suficiente, Helena! ¿A qué viniste a Villa Solana? ¡Ve a ocuparte de tus asuntos!
Ya no quería seguir viendo a esa mujer imprudente.
Cuando el anciano habló, Helena sintió un ligero escalofrío.
Nadie se atrevía a desafiar la autoridad de su tío político.
Además, temía meter en problemas a su esposo.
Según las palabras de su suegro, cuando su hermano mayor se enojaba, no le importaba ningún lazo de sangre.
Si hasta había echado de la empresa a su propio hermano, ¿qué no le haría a un simple sobrino?
Helena solo maldecía que su esposo Jaime no hubiera nacido del vientre de la tía abuela.
—Tío, vinimos simplemente a ver a Ceci, ¿qué otra cosa podría ser? —dijo Helena, soltando una risita nerviosa.
—Aurora no había venido a Villa Solana antes, así que estaría genial que Ceci la acompañara a dar un paseo.
Estaba clarísimo que Helena no daba paso sin huarache.
Pero ¿qué favor podría necesitar de Tatiana justo ahora?
—Tatiana tiene su trabajo y está muy ocupada ahorita. ¿Para qué la buscas?
El anciano no iba a tomar decisiones por ella.
Si Tatiana no quería ayudar a Helena, él no se iba a meter.
Además, conociendo a Helena, si había viajado desde tan lejos hasta Villa Solana, el asunto no debía ser poca cosa.
—No es nada grave. Me enteré de que esa actriz que representa Tatiana tuvo un accidente y sigue en el hospital. ¿Saben cómo está?
—¿Se va a salvar?
¿A qué venía esa pregunta?
Todos se sintieron confundidos. Incluso Cecilia observaba a Helena con curiosidad.
¿Tan aburrida estaba como para interesarse por los chismes del mundo del espectáculo?
—¡No me digas que a tu edad andas de fanática persiguiendo a artistas! —El abuelo Esteban realmente no lo comprendía.

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