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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 826

Su pierna había mejorado bastante.

Cecilia terminó de aplicarle la acupuntura y le cambió los medicamentos antes de anunciar que debía regresar a la casa de la familia Ortega.

Ezequiel quería que se quedara a comer, pero en ese momento entró el mayordomo para avisar que tenían visita.

—¿Quién es? —preguntó Ezequiel, extrañado, ya que no esperaba a nadie ese día.

—Es el doctor Valdez —respondió el mayordomo con una sonrisa.

¿Darío Valdez?

Ezequiel recordó que su amigo le había comentado que pasaría a revisarlo.

Al parecer, a Darío le costaba creer que la artritis de Ezequiel hubiera mejorado tanto. Llevaba tiempo queriendo comprobarlo en persona, pero no había tenido un hueco en su agenda.

Ahora que por fin se había desocupado, no tardó en aparecer.

Ezequiel no se negó a recibirlo.

Darío había sido uno de sus médicos de cabecera durante años, aunque desde que la joven Cecilia empezó a tratarlo, no había vuelto a consultarlo.

Además, quería aprovechar para recomendarle a Cecilia. Su futura nieta política también estudiaba medicina, así que, ¿quién quitaba y terminaban trabajando juntos en el futuro?

—Pues hazlo pasar.

Ezequiel dio la orden y el mayordomo enseguida acompañó a la visita hasta la sala.

Darío había sido el médico familiar de Ezequiel en el pasado y, desde entonces, seguía al pendiente de su salud.

Sin embargo, cuando escuchó que el anciano había mejorado muchísimo tras su viaje médico a Villa Solana, dudó bastante.

Ya lo había revisado hacía dos meses; esta vez venía para un chequeo de seguimiento.

Si de verdad su salud seguía progresando sin recaídas, Darío tenía toda la intención de conocer al especialista que lo había tratado. Cualquiera capaz de curar a Ezequiel debía ser una verdadera eminencia en la medicina.

En cuanto Darío entró, saludó afectuosamente a Ezequiel.

Las familias Sandoval y Valdez se conocían de toda la vida, así que había mucha confianza entre ellos.

Al ver a Agustín, le preguntó con una sonrisa:

—¿Y eso que no fuiste a la empresa hoy, muchacho?

—Voy para allá en un rato —respondió Agustín.

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