La persona que le gustó a Enzo desde el principio fue Fabiana.
Y fue precisamente porque se enamoró de ella que notó que sus palabras no cuadraban con sus acciones, y descubrió el engaño.
Enzo confrontó a Fabiana. Aunque ella no lo admitió directamente, su reacción lo confirmó todo.
Ante la insistencia de Enzo, Fabiana terminó confesando que ella y Adriana eran dos personas distintas, y le rogó que no las delatara.
A pesar de que no quería estudiar por su hermana, no tenía cómo negarse a la exigencia de sus padres.
Ella no tenía voz ni voto.
La familia Medina tenía dinero, pero Fabiana no.
Había intentado rebelarse contra sus padres alguna vez, pero fracasó.
Enzo no prometió guardarle el secreto, pero tampoco dijo que la iba a echar de cabeza.
Más adelante, Adriana le fue cayendo cada vez peor.
Todo porque se dio cuenta de la enorme diferencia en el trato que recibían ambas chicas en la familia Medina.
La que se partía el lomo era Fabiana, y la que se dedicaba a la fiesta era Adriana.
Ese favoritismo de los padres ya era demasiado descarado.
La persona con la que él quería salir y con la que salía era Fabiana.
Solo que todo el mundo pensaba por error que era Adriana.
Lástima que quién sabe cómo, Adriana se enteró de su relación.
Adriana usó eso para chantajear a Fabiana, sin tener idea de que Enzo ya sabía que ambas compartían la misma identidad.
Fabiana se vio obligada a terminar con Enzo.
Enzo presionó a Adriana para que se fuera del país.
Y en cuanto a Fabiana, su familia la mandó lejos.
Antes de irse, le rogó a Enzo que dejara en paz a su hermana, lo cual lo decepcionó profundamente.
A tal punto que, a pesar de los años, nunca más volvió a preguntar por ella.
Fabiana eligió a su familia, lo cual en el fondo no estaba mal.
Pero Enzo quedó muy dolido; le dio mucha lástima que su breve y sincero romance terminara así.
Ese era un tema del que no le gustaba hablar.
Sentía compasión por esa chica que nunca fue tratada de forma justa, e incluso le daba coraje que no se defendiera, pero tampoco podía desgastarse por ella para siempre.
Aunque, conociendo el carácter de Máximo, lo más seguro es que sí le gustara Adriana.
Máximo, sin querer darse por vencido, cuestionó:
—Dices que las dos siempre compartieron la misma identidad, ¿por qué yo nunca me di cuenta?
Adriana siempre fue la misma con él, Máximo creía conocerla bastante bien.
Enzo lo miró con un gesto cargado de sarcasmo:
—¿Estás seguro de que Adriana no tenía ningún comportamiento sospechoso?
—... Si me lo preguntas así, ya no estoy tan seguro.
¿De verdad Adriana se ocultaba tan bien?
Tal vez no.
Aunque siempre era ella la que iba a las citas, en la escuela, de vez en cuando le tocaba toparse con Fabiana.
Siempre que era el turno de Fabiana, sin importar cómo Máximo la invitara a salir, ella nunca aceptaba y sacaba un montón de pretextos.
Incluso, casi ni probaba las cosas que él le compraba.
En aquel entonces Máximo no notó nada raro, solo pensó que eran berrinches de su novia.

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