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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 848

Él, de hecho, disfrutaba consintiéndola.

Pero pensándolo bien ahora, no eran berrinches en absoluto, ¡simplemente no eran la misma persona!

La falta de interés de ella hacia él no era una táctica para hacerse la difícil, ¡era porque ni lo topaba!

Entonces, ¿quién fue la que jugó con él todo ese tiempo?

¡No fue ni Adriana ni Fabiana, sino el personaje que ambas habían inventado!

Máximo comenzó a sospechar de su propia inteligencia: ¿acaso era más tonto que Enzo?

¿Por qué Enzo sí pudo darse cuenta y él no?

—¿Acaso soy tan estúpido?

Esa fue la duda que Máximo soltó al aire.

Enzo se quedó callado un segundo: —¿No es obvio?

—¡Fuimos juntos a la misma escuela desde el kínder hasta la prepa! —le gritó Máximo, perdiendo los estribos.

¿En qué parte se suponía que era tan tonto?

—Yo pasé el examen de admisión; tú entraste pagando.

Todos los Ortega tenían la cabeza bien amueblada.

Enzo, desde niño, casi nunca tuvo que pagar inscripciones por sus buenas notas. Entrar por mérito no era lo mismo que entrar a billetazos a la misma escuela.

No porque Máximo fuera un junior con dinero significaba que él tampoco servía para los estudios.

—¡Lo dices como si fueras un genio! —exclamó Máximo, ardido por la vergüenza.

Enzo soltó una risilla:

—La verdad no, soy el más menso de mi familia.

Y era cierto.

De sus primos, Valentín y Damián se habían graduado de la Universidad de Viento Claro y de la Universidad Libre del Sur, respectivamente, ocupando el primer y segundo lugar a nivel nacional.

Actualmente, Valentín era profesor de matemáticas en la Universidad de Viento Claro, y Damián, como heredero de la empresa familiar, ya tenía hasta un máster en finanzas de una universidad prestigiosa en el extranjero.

Aunque Enzo logró entrar a la Universidad de Viento Claro, sus notas eran del montón.

No siguió estudiando; en cuanto se graduó de la universidad, empezó a vivir de fiesta y relajado.

Máximo tenía unas ganas enormes de agarrarlo a golpes.

Si Adriana era manipuladora, ¿acaso Fabiana no lo era también?

¿Por qué cuando los Medina mandaron lejos a Fabiana, Enzo no la buscó más?

Porque descubrió que Fabiana tampoco era una blanca paloma.

Lo estaba utilizando; ella fue la que dejó escapar las pistas para que Enzo notara que no era Adriana.

Todo con la esperanza de usar la influencia de Enzo para librarse de los Medina, e incluso para presionar a sus papás a que le dieran un trato justo.

Enzo no tenía ni un pelo de tonto; se había dado cuenta de eso y aun así, estuvo dispuesto a que lo usara para sacarla de ese hoyo.

Pero Fabiana le echó a perder todas sus buenas intenciones.

Quería el pan y también las tajadas.

Cuando Enzo le propuso ayudarla a irse definitivamente de la familia Medina, ella dudó.

No fue capaz de romper lazos con sus padres por completo, pues en el fondo seguía esperando que le hicieran el mismo caso que a su hermanita.

Eso ya salía de las manos de Enzo, pero al ver que Fabiana solo quería aprovecharse de los contactos de su familia para chantajear a sus propios papás, le quedó muy claro el panorama.

En ese instante, Enzo se llevó una decepción total y se le agotó la paciencia.

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