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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 869

¿Cómo no iba a saber Tadeo lo que le pasaba por la cabeza a su nuera? Le daban ganas de gritarle: «¡Estás pero si bien loca!».

Al fin y al cabo, Cecilia era la propia nieta biológica de su hermano. Incluso si la chica hubiera nacido tonta, siempre tendría más valor a los ojos de la familia que Aurora, quien solo era la hija del sobrino.

Pero su nuera simplemente era incapaz de entender las cosas y creía absurdamente que, al ser «todos familia», no era justo que la rama principal fuera inmensamente más rica que ellos.

A Tadeo le daba muchísima pereza intentar explicárselo. Él mismo solo era un hijo producto de la amante de su padre.

En aquella época aún ocurrían esas cosas, y él había nacido fuera del matrimonio.

Aunque más tarde lo integraron a la familia Ortega, la realidad era que jamás podría compararse con su hermano mayor.

Su hermano se quedó con toda la fortuna de los Ortega, mientras que él solo logró llevarse unas cuantas migajas.

Si a estas alturas de la vida todavía era considerado un hombre adinerado, era única y exclusivamente por la compasión de su hermano mayor, quien le compartía un porcentaje de las ganancias.

Incluso si su hermano decidiera dejar de darle dinero, él jamás se atrevería a reclamar.

Su propia madre alguna vez intentó secuestrar a Esteban. Fue solo porque la verdadera señora de la casa lo vio como un simple niño y no guardó rencor, que no fue maltratado en su infancia.

¿Pero qué diablos pasaba por la mente de su nuera?

Él entendía que, estando ya en pleno siglo XXI, la sociedad no debería distinguir entre hijos legítimos y bastardos. Sin embargo, la fortuna venía de los ancestros y era lógico seguir las reglas de los herederos principales.

Además, sabía perfectamente que no era tan brillante como su hermano mayor. Si tuviera más riqueza, probablemente no sabría administrarla, así que jamás se había dejado llevar por delirios de grandeza.

En cambio, su nuera, Dios sabe lo que pasaba por su cabeza, pero la avaricia se le desbordaba por los poros.

A veces, Tadeo maldecía que su hijo hubiera sacado su misma debilidad ante las mujeres bonitas.

De no ser por eso, jamás habría llevado a casa a una esposa con la cabeza tan hueca.

—Aurora es Aurora, y Cecilia es Cecilia. Esa niña es la nieta biológica de mi hermano; ese es un hecho que nada ni nadie puede cambiar —declaró Tadeo con hastío—. Y no se trata de quién de las dos es más talentosa o exitosa. Helena, a tu edad, ¿cómo es posible que sigas sin entender las cosas más básicas?

Ya estaba harto de repetirle el mismo discurso a la mujer.

Le daban muchas ganas de convencer a su hijo para que se divorciara, pero, a fin de cuentas, sus nietos no tenían la culpa de nada, y destrozar a su propia familia sería un acto bastante inmoral.

¡Todo era culpa de la familia de su cuñado mayor!

Helena ansiaba ser reconocida como una respetable señora Ortega en todo su esplendor, ¡no como los parientes pobres y aprovechados que dependían de las sobras de Esteban!

Si Esteban llegara a conocer sus oscuras intenciones, seguramente pensaría que la mujer estaba perdiendo el juicio.

—¡Jaime, controla a tu esposa!

Tadeo no tenía paciencia para ponerse a discutir con ella a gritos.

Si Helena no era capaz de comportarse en un evento de esta magnitud, ¡solo iba a terminar perjudicando a sus propios hijos!

En su juventud, Jaime de verdad estuvo muy enamorado de Helena; y aunque la mujer no fuera precisamente un espectáculo de belleza despampanante, encajaba perfectamente en sus gustos.

Eso, sumado a los trucos manipuladores que ella sabía utilizar tan bien, provocó que Jaime llegara al punto de decir que no se casaría con ninguna otra que no fuera ella.

Pero el tiempo no pasaba en balde, y el velo de enamoramiento se había caído hacía años. No es que ella se hubiera puesto fea, simplemente su interior distaba mucho de ser tan atractivo como su apariencia física.

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