Máximo ni siquiera notó la cara de estupefacción que puso Enzo, y siguió con su discurso.
—Después de la carrera de autos que tuvimos, me puse a pensar bien las cosas —comenzó Máximo—. Como a ti la que te gusta es su hermana, ya no hay motivos para pelear. Reconozco que yo también me pasé de intenso. Si todavía quieres regresar con su hermana, le podemos decir a Adri que nos eche la mano. Ah, y sobre lo otro... Adri ya me contó cómo estuvo el rollo.
—Me dijo que todo fue idea de sus papás, que ella nunca quiso que su hermana presentara el examen en su lugar. Por eso al final prefirió irse a estudiar fuera en vez de seguirles el juego.
En cuanto Adriana se enteró por boca de Máximo de que Enzo había soltado la sopa sobre el secreto familiar, de inmediato trató de justificarse para limpiarse las manos.
Era toda una experta en voltear la tortilla para pasar de ser la villana a la víctima del cuento, y su cara de inocencia le quedaba perfecta.
Lo peor de todo era que Máximo se había tragado completito el teatro.
Hasta la había llevado a la fiesta organizada por la familia Ortega con la única intención de que ella y Enzo hicieran las paces.
Según la lógica de Máximo, era muy probable que Enzo aún no pudiera olvidar a la hermana de Adriana.
Así que si le daban un empujoncito en ese aspecto, a Enzo seguramente se le olvidaría el pleito del pasado, ¿verdad?
—Neta, ya no sé si estás tonto o nada más te haces. —le soltó Enzo, perdiendo la paciencia.
¿Pues qué tenía en la cabeza?
Enzo ya ni siquiera quería que la gente supiera que alguna vez fue amigo de Máximo, sentía que se le iban a morir las neuronas por puro contagio.
—¡Hablo en serio, Enzo! —insistió Máximo. Creía que él había tenido la culpa en el pasado por malinterpretar las cosas y realmente quería reconciliarse.
Y según él, hoy era el día perfecto para arreglarlo.
Lo que no esperaba era que Enzo lo mandara por un tubo.
—¡Yo también hablo en serio! —le recriminó Enzo—. A ver, usa un poco la cabeza: si ella de verdad no hubiera querido, ¿tú crees que su hermana le habría hecho el paro? ¡El único imbécil que la sigue viendo como una palomita blanca e inocente eres tú!
A Enzo le daban ganas de jalarle las orejas a Máximo a ver si a base de gritos despertaba.
Mientras tanto, a Adriana ya se le habían puesto los ojos llorosos.
—Por favor, no se peleen por mi culpa —sollozó—. Todo esto es un desastre por mi culpa. Pase lo que pase, yo fui quien se aprovechó de mi hermana. Es normal que Enzo esté enojado conmigo.
Aunque Máximo ya había tomado la firme decisión de que Adriana solo sería su amiga, verla llorar le removió el corazón.
—Ya no digas eso, Adri. No es totalmente tu culpa; tus papás fueron los que quisieron controlar todo, ¿no?

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